Hablando en serio

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PRÓLOGO

Lo primero que quiero hacer, antes de comenzar a Hablar en serio, es decirles que no esperen de mi el decir “todos y todas” “amigos y amigas” o “ciudadanos y ciudadanas”, porque simplemente eso no existe. Y no existe porque en nuestro idioma castellano, que es tan rico y puro, tenemos algo llamado Gramática castellana, que es la que dicta las normas o reglas para hablar y escribir correctamente tan bello idioma. En esta Gramática Castellana, no aparece (sí, leen bien) esa diferenciación, ya que hay algo llamado género, y que engloba los géneros masculino y femenino. Dentro de esos géneros hay palabras, que de por sí, tienen un significado para ambos géneros (masculino y femenino) y no es necesario diferenciarlas. Esta doble mención se ha hecho común actualmente interpretándolo como una señal de cortesía, pero en realidad es completamente innecesario cuando el empleo del género es suficientemente explícito para abarcar a los individuos de ambos géneros, y definitivamente no es descortesía no utilizarlos. Por supuesto, hay veces que debe diferenciarse, cuando el contexto no esté suficientemente explicado o cuando queremos hacer énfasis de algo en particular. Aclarado este punto, ya saben, cuando digo amigos, me refiero a todos en general, hombres y mujeres, a menos que especifique lo contrario. Para cualquier duda sobre esto, pueden consultar la Nueva Gramática española de la Real Academia de la Lengua editada por Espasa.

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Día 1: ALGO SOBRE LA DEPRESIÓN

Me quiero referir ahora, y ya hablando en serio, a esa trillada expresión de “no sé en que palo ahorcarme”, cuando nos vemos llenos de problemas y angustias, casi destilando estrés hasta por los poros…Pues les diré una cosa…Yo si sé “en que palo NO voy a ahorcarme”, y es precisamente el sitio de donde hay que escapar a la cuenta de tres. Ese sitio se llama…¡DEPRESIÓN!, y es un lugar muy feo, del que todos debemos huir a toda costa. Te entiendo, y esto te lo digo a ti, querido amigo, querido estudiante, querida ama de casa, querido profesional, querido taxista, inclusive querido niño (ya que hoy día nadie escapa)… sé que estas pasando por momentos tormentosos. Probablemente y creo que es lo más seguro, estás desempleado, o bien sí tienes un empleo, pero no es el que quisieras tener, para el cual estudiaste tantos años, quizás estudiaste ingeniería aeronaútica y te graduaste con honores y hoy estás vendiendo bombonas de oxigeno y acetileno en un barrio, o tienes un jefe que te maltrata verbalmente, o simplemente porque no te alcanza el dinero para nada, no encuentras leche, ni harina en el supermercado, ni desodorante, ni jabón, ni café, ni papel sanitario y por si fuera poco, tampoco el repuesto para tu vehículo. Bueno, sí lo encontraste en el mercado negro, pero es tan costoso que no puedes pagarlo, porque te lo quieren vender dolarizado y el dólar está pasando los cuatrocientos bolívares. Eso te arruga el ceño… te hace estar de mal humor… te produce largas noches de insomnio a pesar de que esa noche no te cortaron la luz… probablemente tienes discusiones en tu familia, que simplemente quieres evitar y no puedes, porque tu estado de animo te lleva, te arrastra, a buscar el lado más fácil que es escapar en gritos, desahogar tu espíritu y pagarla con la persona que esté a tu lado en ese momento, así sea el dueño del abasto que te dijo que el kilo de pimentón estaba a 140 bs., o tu pareja, o tu hijo pequeño que no quiso comerse la empanadita en el pre escolar.

Hoy te digo, mejor dicho te lo escribo para que puedas leerlo mil veces y no olvidarlo. No te dejes manipular por las circunstancias. No te dejes vencer por la rabia, la impotencia o el desaliento. Ciertamente, la vida se hace cada día más y más difícil de vivir, pero es mejor vivirla al aire libre que no vivirla  bajo tres metros de tierra, (ya me entiendes). Cada día puede ser distinto, todo depende de tí. Hay un dicho que dice: «La vida es del color del cristal con que se mire», y es cierto. Imagina ponerte unos lentes oscuros desde que te levantas hasta que te acuestas. No podrás ver la brillantez del sol, los colores de los árboles te aparecerán distorsionados y cuando llegue el atardecer y la noche, tu visión será de total negrura. ¿Vale la pena vivir así? ¡Claro que no!…

La vida, el diario andar por estos caminos del Señor, pueden estar llenos de cosas hermosas, pero que en nuestra humana ceguera no queremos ver, porque es más fácil pasar el día lamentándose y provocar lástima en nuestro oyentes, que ver lo bonito que la vida puede ofrecernos, aunque sea poquito, pero siempre podremos encontrar algo bueno de que reirnos, o de dar gracias a Dios, algo por lo que vale la pena seguir viviendo, o luchando. Huye de las personas que cuando les preguntas cómo están, te desgranan un rosario de lamentos que te baja la moral y te entristece. De las personas que, cuando les dices que has tenido el virus de moda y que el dolor te duró un mes, ellas dicen que el suyo fué peor porque les duró seis meses o un año, y es un campeonato de ver quien tiene más dolores o enfermedades. Fíjate, si estás en una reunión o en un consultorio médico o algun sitio público, incluso en una fiesta, escucha las conversaciones. Si alguién empieza a hablar de enfermedades, se inicia un campeonato a ver quien las ha tenido peores, más largas, complicadas y dolorosas. No te digo que des la espalda a las necesidades de otras personas, sino que buenamente las animes con tu hablar, las distraigas de su pesimismo, las ayudes a levantar la cabeza y ver el sol, sin que sean ellos los que te opaquen tu buen día. No permitas que tu mente se chupe todo lo negativo de esas personas y convierta tu hermoso día en un día de tristeza y angustia. No dejes que esas personas amargadas y pesimistas embadurnen tu espíritu con su pasta de negatividad. Hoy es un buen día para comenzar a vivir una nueva clase de vida. Más plena, más alegre, más dispuesta a salir adelante. En la medida que cada uno de nosotros cambie, así irá cambiando nuestro entorno, o nuestra familia, y poco a poco sin que nos demos cuenta, comenzaremos a vivir y disfrutar de una mejor calidad de vida, donde cada uno pondrá su granito de arena para hacer un mundo mejor. Evita los comentarios negativos de tu pareja, de tus amigos, de tus hijos, de tu ciudad, de tu país. Y aunque ellos no sean perfectos, tratemos de ver solamente lo bueno y lo malo tratemos de cambiarlo, con voluntad y empeño, sin esperar que sea el vecino el que lo haga, mientras nosotros nos dedicamos a criticar. Así poco a poco, solamente existirá lo bueno. Ya basta de solamente hablar y no hacer nada para cambiar el mundo. Hasta aqui por los momentos, les hablé en serio.

María Ines Arrabal

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Día 2: 30 de Mayo 2015

¿TE QUIERES?

Pues sí, como lo estás leyendo. Te hago hoy, 30 de Mayo de 2015 d.C, una pregunta que quizás nunca en tu vida te habían hecho. ¿Te quieres?

Es una pregunta, que aunque parezca tonta y sin sentido, necesita una profunda reflexión para poderla contestar. Recuerdo, cuando yo era pequeña, es decir, que lo recuerdo desde que empiezo a recordar cosas de mi niñez, que siempre mi papá o mi mamá, o algunos amigos de la familia, porque siempre hay alguna persona que queriendo hacerse la graciosa, le pregunta a los niños: ¿A quién quieres más, a tu papá o a tu mamá?. Y recuerdo que siempre mi respuesta era la misma: «Quiero a mi papá, quiero a mi mamá, quiero a mi hermanita y me quiero a mí» (En esa época tenía yo solamente una hermana mayor, ya después cuando tuve una hermana menor que yo, fuí lo suficientemente grande , tenía once años, para que las personas ya no me hicieran la pregunta, pero de haberlo hecho, hubiera añadido a mi pequeña hermana también). Por supuesto que los adultos preguntones se reían de mi respuesta inocente y sincera. Pero ahora, desde mis años, lejanos a la infancia, me siento a reflexionar sobre esa respuesta.

Lo de querer a los padres y a las hermanas, lo entiendo perfectamente. Pero lo de quererme a mí, fué, en mis inocentes palabras y pensamientos, un verdadero estudio psicológico. Y es sobre ese tema, que vamos a reflexionar un poco en el día de hoy.

A menudo, en las familias, trabajos y relaciones diarias en general, existe la tendencia a centrarse en lo negativo. Los errores de uno , o cualquiera, se detectan fácilmente y se destacan muy por encima de las destrezas, aciertos o habilidades de determinada persona, incluyendo a los hijos. Nuestra pareja, o los jefes, o los amigos, inclusive los padres, nos recuerdan constantemente lo que no les gusta de nosotros, o lo que no hacemos bien (según ellos). Y ese constante «recordar» lo malo, va tallando en nuestras almas, una contínua resaca emocional que nos mantiene continuamente mal, y que por supuesto, de tanto escuchar nuestros defectos llegamos a creer que los demás tienen razón y entramos en un círculo vicioso, donde el mencionado defecto pasa a formar parte de nuestro propio yo, de nuestra propia vida y ya no podemos controlarlo.

Permítanme añadir aquí un recuerdo de mis años de Educadora, cuando tenía una pequeña escuela privada y enseñaba a niños de kinder, preparatorio, primero, segundo y tercer grados. Tenía un alumno en particular entre los más grandecitos de tercer grado, y su madre me decía que no podía con él, que era una criatura indisciplinada , y que ella me «daba permiso» para que yo le pegara y lo castigara si el niño molestaba en clase. Vuelan mis pensamientos a mi respuesta hacia ella: «Disculpe, pero no voy a pegarle, creo que la rebeldía es algo innato en los niños , igual que en cualquier persona de cualquier edad,cuando son demasiado reprimidos. ¿Qué quiere usted, un niño sentado todo el día en una silla? Eso sería un niño enfermo, los niños deben estar activos, por supuesto si veo la necesidad de reprenderlo, lo haré, pero no con violencia, porque ese no es mi estilo ni mi manera de pensar».¿Qué pasaba con esa madre? Pues que solamente veía el lado negativo de la conducta de su hijo, y no se detenía a mirar que el niño era muy inteligente y despierto y era un buen alumno. Por cierto que no lo olvido, se llamaba César.

También recuerdo a otro alumno que en una oportunidad, preguntando yo a los niños que querían ser cuando fueran mayores, el niño contestó sin titubear que él quería ser criminal. Una respuesta que me dejó con la boca abierta. Y ahora pienso que quizás ese niño desde su infancia, nunca fué alabado en sus actitudes, sino que siempre fué reprendido o le fueron mostradas solamente las partes oscuras de su personalidad y él creció con la idea de su poco valor. Haciendo un seguimiento, les comento, que el niño al crecer formó parte de un cuerpo policial, y una noche en medio de una borrachera, peleando con su hermano, la madre intervino para separarlos y él (probablemente sin desearlo) mató a su madre, así vió cumplido su deseo de la infancia, ser criminal. Recuerdo su nombre, se llamaba Daniel.

También puedo aquí añadir el caso de otros niños, hermanitos ellos, que eran niños muy inteligentes y sus padres contínuamente se lo decían y los apoyaban en sus estudios infundiendoles confianza en sí mismos y dándoles el valor que se merecían en todo momento, alabando sus buenas notas y tratando las malas conductas con consejos y buen ejemplo. Por que no eran perfectos, eran niños traviesos como todos los de su edad, pero sus padres realzaban las conductas positivas de ellos en primer lugar. Aún ya grandes y salidos de mi escuela, cada vez que pasaban con sus padres, por mi casa, se asomaban a la ventanilla del auto y gritaban a coro. ¡Adiósss maestraaa!. Recuerdo sus nombres: Simón y Fernandito.(Los nombres reales de todos los nombrados hasta el momento han sido cambiados, para proteger a los inocentes. Esos nombres son producto de la imaginación de la autora)

Disculpen el lapsus con los ejemplos. Fíjense bien que estoy mencionando, la contínua crítica de otras personas hacia nosotros…pero…¿Qué sucede cuando esas críticas nos las hacemos nosotros mismos?…¿Qué se siente cuando pensamos lo peor de nosotros, y no movemos un pie hacia adelante por temor a hacerlo mal?…

Es ahí precisamente a donde quería llegar con mi pregunta: ¿Te quieres?

Si en verdad , tu respuesta es afirmativa, y eso sí, respondiendo con absoluta sinceridad, no para darme el gusto o para parecer una personalidad más madura, entonces, repito, estamos bien. Te consientes, te soportas, te sobrellevas y te amas, en la buena medida, en la exacta cantidad para no parecer narcicista, pero con total determinación de mejorar cada día. Pero si tu respuesta es dudosa, o sencillamente me contestas con un rotundo ¡no!, entonces estamos mal, muy mal.

¿Cómo puedes esperar que las demás personas te amen, te valoren y crean en tí, si tú mismo no lo haces contigo mismo?

El mejor camino para convivir en esta sociedad consumista, que cada día es más egoísta, más pagada de sí misma (que conste, no estoy viendo los errores de nadie, estoy generalizando), el mejor camino -repito- consiste en reconocer las virtudes de cada quien, en resaltar lo que hace bien. Un elogio, dado en el momento adecuado, puede ser la mejor inyección de confianza y motivación que las personas necesitamos.

Es entonces allí, donde nuestro propio yo interviene, resaltando nuestras cualidades y todas esas virtudes, que sin lugar a dudas, Dios puso sobre nosotros al nacer, pero que nos negamos a ver.

Ponte de pie frente al espejo, y si lo deseas, desnúdate, entonces observa tu cuerpo con detenimiento, poco a poco, sin miedo y mucho menos con vergüenza. ¿Qué ves reflejado en el espejo?

¿Acaso ves una montaña de carne fofa, o un cabello desgreñado, o unos pies grandes?…¡No!…

Fíjate bien, y repite conmigo: «Me gustan mis ojos con ese color tan poco común ( o quizás con un color común pero enmarcados con largas y delicadas pestañas), tengo un lindo cabello del color que me agrada (o con un color que mañana en la peluquería reavivaré con un buen tinte), mi cuerpo es voluptuoso, con curvas agradables de ver…rellenito…pero atractivo…(o también puede ser que digas: estoy algo delgada, pero así me siento muy bien)…mis pies siempre han sido bonitos. En fín…estás parada frente al gran espejo de cuerpo completo en tu habitación y entonces te descubres. ¡Exactamente! Descubres que eres un ser humano con virtudes y quizás defectos, los cuales no hay que negarlos, pero sí hay que aceptarlos y tomar de una vez por todas la decisión de irlos eliminando poco a poco de nuestra vida, con voluntad y energía, y con la plena convicción de que el amor que nos demos a nosotros mismos, será el mismo amor que vamos a recibir de nuestros semejantes. Porque…si «yo» no me amo, ¿cómo voy a esperar que las demás  personas me amen?

Somos criaturas que Dios hizo a Su imágen y semejanza, entonces debemos amarnos y ver el mundo a través de una nueva visión de amor, de confianza, de aceptación y de resaltar los logros, las virtudes, todos los dones maravillosos que Dios nos concedió, de nosotros mismos y de nuestros semejantes, de manera que el mundo se convierta en un mundo de logros, de alegrías, de reconocimientos, de vencedores y no de vencidos, de estrellas y no de estrellados. Las palabras bíblicas son muy contundentes: «Ama a tu projimo como a tí mismo»…

Entonces :¿Respondes mi pregunta?…¿Te quieres?

Hasta aquí, hoy, les hablé en serio

MariaInes Arrabal

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3 comentarios en “Hablando en serio

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