Dia 15: Un día cualquiera

 

Realmente mi mente está como cerrada. No sé sobre que tema  escribir. Si pudiera plasmar en letras todo lo que veo a diario, tal vez mis lectores dejarían de leerme, porque caerían en depresión. Sin embargo, supuestamente estas Confidencias que escribo deberían ser para “humorizar” la vida cotidiana, y eso cada vez se hace más difícil en un país donde la situación se hace más crítica cada día.

Pero en fin, haciendo de tripas, corazón, como dicen los entendidos, voy a escribir hoy sobre un día cualquiera…

Como algunos de ustedes saben, los que me conocen, (o creen conocerme, porque a veces me transformo en la mujer maravilla y nadie lo sabe, o sea, es mi personalidad secreta), bueno…todos los días me levanto de madrugada para salir a caminar por las calles de la urbanización donde vivo. Debo esperar más o menos a las 5.20 a.m, hora en que los demás deportistas van saliendo a la calle a hacer lo mismo que yo, tratar de mantenerse saludable a base de caminar diariamente, ya que según los médicos, el caminar es el mejor ejercicio, mucho mejor que trotar o correr, ya que el trote o la carrera es un ejercicio excesivo para personas normales y corrientes como nosotros. Cuando digo personas “normales” quiero  referirme a los que como yo, nos dedicamos a trabajar diariamente, a criar una familia y a sufrir las inclemencias de los malos tiempos, porque nuestras aspiraciones no son llegar a las olimpíadas, ni siquiera a los Juegos Centroamericanos y del Caribe, para arrasar con las medallas. ¡No! Nos conformamos con lograr entrar a un supermercado atestado de gente para ¡quizás! poder comprar un kilo de arroz, si ese día toca el terminal de nuestro número de cédula.

En fin, me levanto, hago lo que se hace cada mañana al levantarse, aunque cada vez se hace más difícil lavarse los dientes, pues no se encuentra dentífrico, en fin, ese es otro tema. Aquí en mi casa, gracias a Dios, todavía tengo ese artículo de lujo. Así pues seguidamente que he completado el ritual mañanero, calculo la hora para salir, y cuando son exactamente las 5.20 a.m, salgo de mi casa,  mientras al mismo tiempo voy haciendo mis oraciones al Señor, para que nada malo me ocurra en el camino, que ningún tipo mal intencionado vaya a intentar atracarme  o lastimarme. Casi estoy llegando  a la avenida principal, caminando una carrera de obstáculos entre las bolsas de basura, o la basura sin bolsas, y los huecos de la calle.(Y eso que vivo en una urbanización residencial que puede ubicarse entre las mejores de la ciudad) Es por esa razón que las personas como yo, que tenemos la costumbre de tropezarnos hasta con un suspiro, y nos caemos con mucha facilidad, debemos andar mirando al suelo. Paso por un lugar donde hay tres perros, los cuales, me ladran como todos los días, y a los cuales, les contesto igualmente, imitando su ladrido (que por cierto lo hago muy bien), y ellos me miran como todos los días, bostezando y se quedan callados mientras cabecean su sueño nuevamente. En la casa del frente, canta un gallo su despertar matutino y me pregunto: ¿para qué se tiene un gallo en el patio de casa?. Ya voy llegando a la esquina y justo cuando paso por donde está el último poste de alumbrado público de esa calle, la luz se apaga. Y es lo extraño, a veces pienso que es algo personal, o tal vez peso demasiado y la calle vibra, porque es extraño que pase yo a la hora que pase, justo en ese momento, se apaga esa luz. Mientras en la puerta del un instituto universitario que está en esa misma esquina, se encuentra el vigilante con su perrito. El perro me ladra y el  vigilante me dice “Buenos días señora” y luego le dice al perro: “me la cuidas,¿oiste?, y el perro se queda callado y me sigue por el resto de la calle hasta llegar a la esquina siguiente, donde se detiene, se da la vuelta y regresa con el vigilante, como diciendo: “ya cumplí”.

Sigo mi avance por la avenida, de vez en cuando me cruzo con otro caminante y me dice :”Buenos días” y yo le contesto de igual manera:”Buenos días”.

Más adelante, frente a un edificio, el cual le llamamos “de los militares” porque supuestamente allí viven solamente efectivos de las fuerzas militares,  se encuentra un gran contenedor para que los ciudadanos depositen sus bolsas de basura diariamente. Es ahí , entonces donde comienza mi tristeza. Todos los días veo un hombre joven, que se ve entero, (o sea, entero no porque le falte ningún pedazo, me refiero a entero, porque se ve sano, y en perfecto estado, al menos exteriormente porque interiormente me imagino que adolece de muchas energías),y que me parte el alma cuando lo veo, revolviendo las bolsas de basura buscando algo para comer. ¡Dios mío! En un país como éste, que una vez fue llamado la Venezuela Saudita, cuando las personas gastaban el dinero a manos llenas, donde se importaban hasta palos para las escobas, donde hasta el rancho más indigente en un cerro tenía una antena de televisión en su techo. Donde años después, hasta los ranchos (para los que no conocen este país y sus costumbres, los ranchos son casas que las gentes que no tienen medios de fortuna  construyen con materiales encontrados donde puedan, pueden ser láminas de latón, o bloques o tablas, en fin, lo que pueden encontrar y que luego poco a poco, si su situación va mejorando, van cambiando por bloques y cemento hasta tener una casa en cualquier sitio o ciudad del país donde pueden “invadir” un terreno ajeno), tenían aire acondicionado. Llegando algunos incluso a tener su automóvil en la puerta. Actualmente y gracias a la “robolución” que inició un ser innombrable este país se ha convertido en uno de los  más empobrecidos de América. Pero volviendo al tema del hombre rebuscando en la basura, que tristeza cuando una persona tiene que llegar a esa condición, y lo peor no es eso, lo peor es ver a un anciano en la misma situación.

Dejo atrás el espectáculo que me ha partido en dos el día, y sigo mi camino. Más adelante veo, a mi izquierda, al otro lado de la avenida, un negocio de peluquería abierto…¿a las 5.30 a.m?, pues vaya si han madrugado, pero entonces, fijándome bien, observo que está lleno de hombres de chaqueta negra y hay dos vehículos policiales en la puerta, y es entonces cuando me doy cuenta de lo que hay adentro, sillas destrozadas y todo por el suelo. Desgraciadamente, esa peluquería ha sido violada y robada en la noche o quizás en la madrugada y los ladrones hicieron allí de las suyas. Sigo mi camino, con otro pedazo del alma, partido.

Más adelante, alcanzo a una amiga, con quien a veces coincido y caminamos juntas y nos ponemos a conversar mientras caminamos: “¿Has visto? Robaron en la peluqueria de más abajo, si chica, que horror, bueno, eso es el pan nuestro de cada día, es que la situación en este país está de terror, imaginate que mi prima me dijo que no sé donde, encontraron a un señor muerto dentro de su negocio, como que era allá por detrás de la calle donde yo vivo, ¿si? ¡que horror!, ajá, parece que tenía tres días muerto y se dieron cuenta por el olor y que vieron la santa maría del negocio medio abierta, pero cerrada por adentro, ay chica, que barbaridad…”

Y seguimos nuestro camino en silencio, para encontrarnos más arriba a unos señores armando un tarantín (los que no conocen el vocabulario de este país, un tarantín es cualquier tipo de negocio que se monta en plena calle y que puede estar debajo de una sombrilla, un toldo o un árbol), y mi amiga les grita. “Iiiipa, buenos días, ¿dónde consiguen harina pan?(La harina Pan, es la harina de maíz , materia prima con que se hacen las arepas, empanadas, etc. Y que actualmente es más difícil de conseguir que una aguja en un pajar, y por supuesto la gente se mata por obtenerla), mientras los señores le contestan: “Ay mija, suerte que conseguimos con una bachaquera”.

Debo detenerme aquí para explicar lo que es una “bachaquera”. Para los que no nos conocen, una “bachaquera” es una mujer (puede ser también un hombre, pero generalmente es oficio de mujeres, los hombres no pueden llevar tanto sol haciendo cola y deben refrescarse con su cervecita helada), que pasa el día haciendo cola para comprar productos básicos de la dieta diaria, tales como aceite, harina de maíz o trigo, leche, mantequilla, papel sanitario, café, azúcar, pasta dental, etc, y luego las revenden en el mercado negro ganando a veces hasta el 200%. Ese es un nuevo oficio desarrollado en este país. También hay quienes hacen la cola para otra persona, y luego esa persona les paga una buena cantidad por hacerlo. Como ven, este es un país “de recursos”. También están los vendedores ambulantes que van por “las colas” de personas a la puerta de los supermercados, panaderías o bancos, y que van vendiendo agua, empanadas, pastelitos, chucherías, etc, a precios exagerados. Una vez dejado atrás al señor del tarantín, seguimos caminando hasta llegar a nuestro punto, donde nos damos la vuelta para regresar a nuestras casas, cumplido ya el ritual de la caminada diaria. Volvemos a pasar por el tarantín, volvemos a pasar por la peluquería robada, que ya estaba cerrada y los policías desaparecidos, y donde probablemente los dueños nunca recuperarán los objetos robados, pasamos por el contenedor de basura, ya rebuscado y solo, llegamos a la esquina donde debemos separarnos con un hasta mañana, pues, que te vaya bien… y mi amiga se regresa y me dice: “no te vayas a olvidar, si sabes donde hay leche en polvo, me avisas, o me la compras que luego yo te lo doy…”

Regreso por donde he venido, me saluda el vigilante, me acompaña su perro un trecho del camino, llego al sitio donde los tres perros esta vez ni se molestan en ladrarme, cruzo la otra avenida, veo mi casa desde la esquina, con sus luces encendidas, esperándome, llego a la reja del jardín, saco la llave de mi koala (en algunos países le llaman riñonera), entro a mi jardín, me acerco al árbol de guanábanas que sembró mi esposo, y que nunca pudo probar sus frutos, me doy cuenta que las guanábanas que vi ayer no están en el árbol porque ya pasó el ladrón y se las llevó, y después de molestarme, comento para mis adentros: “pobre diablo, probablemente las necesita más que yo…pero no deja de ser un c&%?&¿&…

Abro la puerta, mi gata siamesa me saluda mientras se lanza en veloz carrera al jardín antes que yo cierre la puerta y yo me adentro en la tibia paz de mi hogar, pensando…”gracias Dios mío…”

 

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