Día 6: Hoy no pensaba escribir…pero me puse a recordar y…

La verdad verdadera, y sin que me quede nada por dentro, debo confesarles, queridos lectores, que hoy no pensaba escribir. Les comento las razones de este cambio brusco en mis costumbres. Pues sucede que anoche nuevamente me atacó el insomnio desde la una de la madrugada. Ya tengo dos noches despertándome puntual a esa hora y la verdad me molesta muchísimo cuando esto me sucede. ¿A quién no?…Si los maravillosos sueños que pudiera tener a esa hora se ven interrumpidos por el fiero martillo del insomnio. Es que me despierto tan lúcidamente como si me hubieran dicho.¡levántate, es la hora!. Ahora entiendo a mis hijos, cuando en la edad escolar yo abría la puerta de sus habitaciones a las 5.30 de la mañana y en la oscuridad los llamaba diciendoles ¡Ya es hora!. Mi hijo, hoy día, ya adulto, padre de tres hermosos niños, aún no se repone de esas tres palabras, y creo que a mi hija, madre de cuatro hermosos hijos, también la ha afectado ese recuerdo y a mí siempre me durará el remordimiento de haberlos torturado de esa manera. Pero supongo que todas las madres pasamos por esos trances. Y ahora que estamos en plenos recuerdos, viene a mi memoria hace unos cuantos años, (que conste, no fué en el 1800 y tanto, jejejeje, fue su más reciente recorrido), cuando se anunciaba el paso del cometa Halley en su carrera próxima a la tierra, y yo me levantaba todos los días muy de madrugada, bajaba al jardín de mi casa con unos largavistas o binoculares y oteaba el cielo, hasta que daba la hora de llamar a mis hijos para que se vistieran, pues el transporte escolar pasaba a las seis de la mañana. Recuerdo una madrugada que estaba yo con mis binoculares en muda contemplación del cielo, buscando afanosamente el dichoso cometa Halley, cuando de pronto, casi a las cinco y media se fue la luz, vale decir, la energía eléctrica y por supuesto se apagaron las luces de los postes de la calle y todo quedó sumido en una profunda oscuridad, fue entonces, como por arte de magia, en medio de esa oscuridad profunda, vi surgir ante mis asombrados ojos el cometa Haley en toda su belleza y extensión. De más está decir que mi primera impresión fue quedarme muda de emoción, pero enseguida reaccioné y comencé a gritar llamando al resto de la familia, a mis hijos y mi medio naranjo para que también disfrutaran del espectáculo increíble: ¡El cometa Halley!¡El cometa Halley!¡El cometa Halley!…y en la oscuridad y el silencio de la madrugada mi voz sonaba francamente aterradora. Bajaron todos emocionados y allí mismo fuimos pasando de mano en mano los binoculares, y cada uno pudo disfrutar a su antojo la belleza del Cometa Halley en toda su extensión. Después de ese acontecimiento, yo igual bajaba todas las madrugadas a verlo, y después que los niños se marchaban en el transporte escolar, yo me quedaba en el jardín con mis binoculares en dirección a donde estaba el Cometa Halley, hasta que clareaba y era ya imposible distinguirlo. Fue una experiencia inolvidable realmente, que no todos han podido disfrutar. Y que este recuerdo ha logrado apartarme de mi relato del día de hoy, pero creo que ha valido la pena compartirlo con todos ustedes….Bien, como les decía me desperté alrededor de la una de la madrugada, en vista de que la habitación se me estaba llenando de ovejas y que contarlas no resolvía mi insomnio, decidí ver un poco de televisión, así lo hice por un rato hasta que comprendí que de nada me serviría, el sueño no acudía a mí. Procedí a apagarla y tome uno de mis libros a ver si leyendo un poco me venía el sueño. Estuve leyendo aproximadamente hasta las 3.45 y nada que el sueño me visitaba. Por lo tanto me dije para mis adentros: o me duermo o me duermo. Así que después de unas cuantas vueltas en la cama, de unos tres o cuatro cambios de posición de las almohadas, no sé en que momento fue, la cuestión es que me quedé dormida. Desperté alrededor de las siete y media de la mañana, con la cabeza pesada como si tuviera un sombrero de plomo encima. Pasé al baño, me tropecé con la gata, es lógico, caminar con los ojos cerrados es algo difícil. Se preguntarán por qué andaba con los ojos cerrados, sencillamente el sueño me vencía a pesar de la hora, y no podía abrirlos. Al fín en el baño logré despejarme, vestirme, y salir a la realidad de la vida, donde la gata maullaba de hambre, y mi estómago también, pidiendo el café con leche.
Más tarde, habiendo logrado despejar mi cerebro, y luego de contestar los correos, me bañé, me vestí y salí a comerme el mundo, mientras hacía unas diligencias que tenía para el día de hoy. Salí de mi casa en mi automóvil, en dirección a una institución bancaria cercana a la zona de la Aduana, calle bastante concurrida y llena de tráfico. Logré dejar mi auto en un estacionamiento, donde un señor mayor se ofreció a lavarme el automóvil, cosa que acepté después de preguntarle el precio de ese trabajo y también de informarme de donde sacaba el agua para lavarlo, pues estábamos cerca del malecón, no fuera a ser que me lo lavara con agua del mar. No es que yo sea desconfiada, es que hoy día, en este país ya no se puede creer en nadie, ni en pajaritos preñados, ni en elefantes azules. Me encaminé a la institución bancaria donde en su puerta había una larga cola de usuarios, afortunadamente mi diligencia me permitió entrar dentro del recinto y colocarme en otra cola, eso sí, mucho más pequeña que la que había en la calle. Me acerqué a la funcionaria encargada de información, le dije a que iba, me pregunto si llevaba las fotocopias de las cédulas, y los demás documentos y una carta de residencia o el RIF. Yo no llevaba el Rif, aunque llevaba los demás documentos, asi que ella muy amablemente y con una sonrisa (cosa que me dejo altamente extrañada), me preguntó si no había alguién que me lo pudiera traer, al yo decirle que no, ella me dio un número y me dijo: guarde este número y vaya a buscar el Rif. Así que salí en volandilla, corri al estacionamiento (me quité los lentes, de lo contrario podía haberme caído), le pagué al lavador de carros, me pidió una colaboración por “dejarme” estacionar allí y salí como alma que lleva el diablo a buscar el documento faltante, ya que de pensar en la cantidad de gente que había visto en el banco, ya me daba dolor de todo. Llegué a casita, encontré mi RIF y volví a salir soplada, tomé esta vez un atajo en la vía que me lleva directamente a la autopista y allí encendí las turbinas (jajajaja, ¿se creyeron lo de las turbinas?), llegué al banco, encontré el sitio para estacionar, puse el trancapedal y el tapasol. (Supongo que se dieron cuenta que antes no mencioné esta parte, pero lo hice a propósito para confundirlos). Me recibió la misma funcionaria de antes, de sonrisa agradable y buen trato, que amablemente me dijo: la llamarán por su nombre, tenga a mano los documentos. Me senté en unas sillas , bastante cómodas para ser un banco del gobierno. Me sorprendió lo bien cuidado que estaba todo, y lo amables de los empleados (Hay que decirlo todo, lo bueno y lo malo). Estuve aproximadamente una media hora, hasta que fui llamada por una señorita flaca, medio feona, pero muy simpática que me trató con tanta amabilidad que tuve que hacerlo resaltar y decirselo, que le agradecía el buen trato y la amabilidad que había tenido conmigo. Me resolvió el problema, que demoró un poco. Luego salí de allí contenta de haber encontrado una persona amable que me había resuelto mi problema. Salí y me coloqué en la fila del cajero automático para cambiar la clave de la tarjeta de débito, y allí estuve junto con otras personas alrededor de más de media hora, al sol, pero también afortunadamente todos estuvimos alegres y hablando de cosas que nos hicieron reir. Los problemas del diario vivir los conversamos en armonía y entre risas y eso me permitió sentirme tranquila y contenta a pesar del sol calcinante sobre nuestras cabezas. Después de un buen rato, logré llegar al tele cajero, cambiar mi clave, reirme un poco más con las otras pesonas, y salir contenta, , a pesar del dolor de cabeza, en dirección a mi casa.

Quizás en el día de hoy, mi relato no ha tenido nada de humorístico, sin embargo, les conté una experiencia que vivímos mi familia y yo, y que difícilmente volveremos a experimentar, ver el Cometa Halley es algo que no muchas peronas pueden decir que han visto.
Creo que a pesar de todo, algo pude contarles, espero me disculpen pero mañana podremos seguir con nuestro pequeño safari, porque si les soy sincera…lo que viene ahora es candela…

Un comentario en “Día 6: Hoy no pensaba escribir…pero me puse a recordar y…

  1. Cuanta verdad eso de «Ya es la hora» a las 5.30am horror!!! hoy dia yo levanto a mis hijos con besitos y caricias jajajajaja, pero mami se tortura con eso todala vida y no vale la pena, eran otros tiempos y otras costumbres, no es tan dramatico! ninguno esta traumatizado jajajajaja!
    Y si, logramos ver el cometa Haley! fue una experiencia espectacular que se la debo a Mama pues ella era la unica que podia levantarse tan temprano , los demas eramos unos flojos! 😀 😀 😀 ❤

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