Dia 4: Comienza la aventura

¡No sabía lo que me esperaba!…De verdad que no lo sabía… Mis pasos trémulos y vacilantes (por el dolor de la chicungunya), me llevaron hasta mi vehículo, que indiferente a mi malestar y caliente como plancha de chino,  por haber estado al sol, me recibió con una bocanada ardiente al abrir su puerta (como cuando se abre la puerta del horno de la cocina). Me senté en el sitio del conductor como pude, pues doblar las piernas, con el dolor, ya era bastante traumático. Quité el trancapedal, doblé el protector solar del vidrio (una de tantas cosas útiles que no sirve para nada, cuando hace un sol tan intenso), di vuelta a la llave del encendido y… de repente…doy un salto… al asustarme el sonido del celular, y no solo el sonido, también me asusta la vibración en cierta parte, por lo inesperada, es como una cosquillita. ¡No puedo evitarlo! Siempre me asusto. Supongo que es una reacción anclada en el cerebro de cuando esperas una llamada y ésta no llega, y que cuando al fin te llega, te asustas de todas maneras porque no la esperabas…¿Pueden entenderlo?… Porque yo no, sinceramente. En fin, trato de sacar el celular del bolsillo trasero de mi pantalón (¿ahora entienden lo inesperado de la cosquillita?), donde siempre lo llevo, y por supuesto, al intentarlo, corto la llamada, que se convierte en “llamada perdida” en vez de “llamada recibida”, por lo que me veo obligada a marcar el número telefónico que aparece en la pantallita y que me interesa contestar “por si acaso”, y además para así gastar el saldo de mi teléfono y ahorrarle el gasto a la otra persona. Pero nada es imposible, al contrario, todo es posible y posiblemente la llamada no la pueda realizar pues al marcar el número el teléfono me contesta con un “tururíiiiii”, hasta que se agota mi paciencia y decido no hacer caso y dejarlo así. Pero claro, tomando la precaución de sacar de los bolsillos traseros de mi pantalón, ambos celulares que siempre viajan conmigo, como la tarjeta de crédito…»nunca salga sin ella”. Pienso y pienso a ver en que parte me pueden “bajar” las dichosas planillas por Internet para poder hacer el pago en el banco y así lograr que me den las solvencias. Pienso y pienso, y aunque tengo el cerebro medio chamuscado por el calor, logro pensar . Me bajo nuevamente del auto, no si antes haber colocado de nuevo el trancapedal en el pedal y el tapasol en el vidrio, (a pesar del dolor de la chicungunya, que por cierto no sé porque digo el dolor de la chicungunya si a ella no le duele nada, es a mí a quién le duele), así pues veo en lontananza un centro comercial y hasta allá llevo mis pasos vacilantes. Uno, dos, tres, cuatro pasos, y así sigo hasta recorrer los más o menos trescientos pasos hasta el sitio donde voy a ver si me bajan las planillas. Entro…Buenos días…silencio, (espero una respuesta que nunca llega)…¿por favor, bajan aquí planillas por intenet?…silencio(espero una respuesta que nunca llega, no se si la empleada es sordomuda o se está haciendo la loca)…¿por favor, bajan aquí planillas por Internet?…¿ya la atendieron?(ah! no es sordomuda)…no, todavía no…¿qué deseaba?…¿por favor, bajan aquí planillas por Internet?…¿de cuales planillas?…las de pagar la solvencia en el banco…no, aquí no bajamos ningún tipo de planillas…(¿)gracias, muy amable…más(¿). Me pregunto entonces para mis adentros…si no bajan ningún tipo de planillas ¿para qué quería saber cuales planillas quería yo bajar?. En fin, me doy la vuelta y regreso caminando los más o menos trescientos pasos desde allí hasta mi auto. Repito todos los pasos anteriores pero al revés, abro la puerta del auto y recibo mi dosis de calentamiento global… pero esta vez, con el aturdimiento, el fastidio, ovbiamente con la rabia que cargo encima, y el dolor, lo primero que hago es dar a la llave del encendido y prender el motor del auto, es entonces cuando voy a arrancar, que me doy cuenta que ni he quitado el tapasol del vidrio, ni el trancapedal del pedal, así que apago el motor del auto, saco la llave de la suitchera, procedo a quitar el trancapedal del pedal y el tapasol del vidrio, refunfuño un poco para mis adentros, me digo “hoy no es mi día” unas diez veces más o menos y luego, como si nada, enciendo el motor y salgo tan campante a buscar un sitio donde me puedan bajar las fulanas planillas. Lo que yo no me imaginaba ni en mis más creativos sueños era que….bella sin alma1

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