Dia 2: ¿Y por qué tengo que esperar a mañana?

Eso mismo estoy pensando…¿Por qué tengo que esperar a mañana para escribir lo que pienso mañana, cuando puedo escribirlo hoy de una vez?

Claro, ya se preguntarán ustedes, queridos lectores, cómo puedo escribir hoy lo que voy a pensar mañana…La verdad es que yo estaba preguntandome lo mismo, pero he llegado a la conclusión que es muy fácil hacerlo con un poco de imaginación. Por ejemplo…mañana al despertarme pensaré: ¿Habrá llovido durante la noche?…¿Habrá llegado el agua?…¿Me habré ganado la lotería?…¿Tendré café para desayunar?…¿Dejaría la puerta abierta anoche al acostarme?…

Y como flores que caen de un rosal florido, empezarán a caer las respuestas a mis pies…¡sí!…¡no!…¡Si,Si!…¡No,no te hagas ilusiones!…¡Tal vez!…¡Nooooooo!…

Y en mi corazón comenzará el sobresalto y la duda existencial: ¿Me levanto a caminar un poco para hacer ejercicio?…La verdad es que estoy algo gordita y pasada de peso, y la duda me martillaba el cerebro. Pero al fín, puede más mi deseo de mejorar la salud y la figura y procedo a prepararme para salir a caminar. Me visto con mis licras grises para caminar, mi franela gris (siempre gris, no sé por qué)y mis zapatos Dunlop color violeta azulado… y salgo. Por supuesto, primero me tropiezo con mi mascota, la gatita Sasha, que corre a darme los buenos días cuando me ve pasar hacia el baño, le dejo su comidita en el plato que tiene escrito su nombre «Sasha», no sé para que se lo puse, al fin y al cabo ella aún no sabe leer, pero lo hago…no sé…será para que no se me olvide que es su plato. Pareciera que estoy como el personaje aquel de Cien años de soledad, que ponía los nombres a las cosas para no olvidarlas. Después de alimentar a la gata, bajo las escaleras, apago las luces que he dejado encendidas durante la noche…para no ver las sombras pues…veo la hora de salida…5.30 a.m, guardo en mi «koala» mi celular y mis lentes(por si hay algo que ver) y salgo. ¡Ah! pero primero reviso a ver si no ha caído una guanábana del árbol que está en mi jardín, para guardarla. Pero no, no ha caído ninguna, solamente han caído las flores que se comen las iguanas. Así que sigo mi camino, salgo, cierro el candado y comienzo mi caminata. Primeramente subo un pequeño puente que baja con suavidad y va a llegar a la acera, donde los vecinos muy dignamente han dejado sus bolsas de basura y que algunas veces los perros del vecindario revisan…por aquello del reciclaje, ya saben.

Hay algo que a veces me resulta incómodo. Tal vez piensen que soy una persona maleducada, pero no. Es solamente que a mi, al levantarme, no me gusta mucho hablar, ni escuchar ruidos, ni música. Me gusta el silencio. Pues bien, uno sale a caminar y cada vez que se cruza con otros caminantes te dicen: Buenos días, y tú tienes que contestar : Buenos días. Y llega un momento que te desesperas de buenos días, buenos días, buenos días, buenos días,buenosdíasdbuenosdíasbuenosdías, díasss, díassss. Más adelante encuentras a un señor barriendo la puerta de su casa y más buenos días, por allá otros preparando su tarantín para vender empanadas y son más buenos días señora como está, y por supuesto los que corren «la maratón», con la lengua afuera y la botella de agua en la mano, bueeenosss(jadeo)díííassssbueeenosss (jadeo,jadeo)dííííassss. Definitivamente me canso de tantos buenos días y me doy vuelta, emprendiendo el retorno a casa,¡ah, un ciclista conocido!buenosssdíassss. Después de media hora de caminata y de buenos días, desayuno mi café con leche y es entonces cuando recuerdo que ese día tengo la cita para renovar el pasaporte. ¡Qué emoción!¡Al fin, parece que lo voy a lograr! Aunque mi cita es a las diez de la mañana, decido irme temprano, por aquello de la gente que se aglomera y te quitan el puesto. Me visto normalita, nada de elegancias que me hagan destacar como «oligarca», más bien sencillita, pero maquilladita para que en la foto me vea presentable y no parezca una refugiada de Bosnia. Llego a las siete de la mañana, pago mis diez bolívares para entrar al estacionamiento y una vez estacionado el auto, puesto el trancapedal y el tapasol, me bajo y  me encamino a la aglomeración de personas que están allí desde la madrugada para ser las primeras, sobretodo si es día de cédulas de niños, pues solamente dan treinta números, y pregunto: ¿Cuál es la cola de pasaporte?…Una señora que lleva una niña pequeña, amablemente me indica que ella es la primera y por lo tanto yo soy la segunda. ¡Que alegría! Nunca había llegado a una cola de segundo lugar. Allí me quedo entre la aglomeración de personas esperando para sacar la cédula y entre los cuatro mil niños que recibieron sus solamente treinta números. El tiempo pasa, el calor aumenta, la sed aprieta las gargantas, la gente se amotina, unos se quejan de que no les atienden, otros gritan porque su cédula no ha llegado, otros gritan :respete la cola, yo estaba primero, los niños gritan:dejennos pasar, estamos cansados, tenemos hambre y sed, los de más allá acusan de flojos e ineptos a los funcionarios, cosa que me parece imposible, pues está demostrado que entrar a trabajar antes de las 9 de la mañana es una aberración. En fin, el tiempo pasa y yo miro la hora. Llega un señor con una anciana en brazos que viene a renovar su cédula y lo hacen pasar. Al fin dan las 10.45…(que conste que la cita era a las diez), sale un señor con cara de amargado y grita: ¡Pasaporte!…Es entonces como de pronto surge una avalancha de gente que no se de donde aparece, pero yo, que estaba desde siempre pegadita de la puerta, no me muevo de alli. Les confieso que permanecí todo el tiempo de pie y pegadita de la puerta más bien para recibir un soplito de aire frío del aire acondicionado que salía por las bisagras de la puerta, porque me sentía desmayar con el calor y la falta de agua, y el apretujamiento de las demás personas, (y ciertos olores, recuerden que no se consigue desodorante en este país). Al fin, entro de primera, cosa rara. Nos gritan:¡ hagan una fila de este lado!. Hacemos la fila de este lado. Nos gritan:¡ fotocopia de la cedula y voucher del pago en el banco en mano!. Sacamos la fotocopia de la cédula y el voucher del pago bancario en mano (que por cierto en ese momento fué de 1.800 bolívares). El funcionario toma mis papeles en primer lugar…¡Qué emoción, seré la primera!…me dice con mala cara,: ¡sientese por ahí!. Así que buscó un por ahí para sentarme y cuando lo encuentro me siento, temblando de frío, pues si afuera sudábamos como en el desierto, aqui adentro el aire acondicionado estaba tan frío que tiritabas. Así pasó el tiempo. El funcionario reunió todos los papeles de todos los allí presentes en la fila y luego, biblicamente y con calma, puso los últimos de primeros y dejó los primeros de últimos. Siiiii, exactamente…dedujeron bien, mis papeles quedaron casi entre los últimos. Y digo casi, porque además  dividió los papeles en grupos y los repartió a otros funcionarios sin ningún tipo de orden. Así que mientras yo temblaba de frío y de las ganas de ir al baño, (ya saben que el frío produce eso), pasaba el tiempo y pasaban las otras personas de la fila que iban llamando. Por fín, exactamente a las 12.45 p.m escuche a un funcionario decir  mi nombre y yo para mis adentros grité:¡Bingo! y me levanté lo mejor que pude, pues el frío me tenía practicamente agarrotada. Qué emoción sentí cuando el funcionario me preguntó mi nombre. Y fué entonces cuando el mundo se me vino a los pies, cuando el techo de la oficina cayó sobre mis hombros, cuando se me nublaron los ojos y ví la luz a través del túnel, cuando la sangre se me subió a la cabeza y comencé a ver todo negro,cuando el funcionario me dijo: «Usted estuvo tramitando hace poco la renovación de su cédula, y como ésta no ha llegado todavía, sus datos están bloqueados, por lo tanto no puede tramitar su pasaporte, tendrá que solicitar una nueva cita en otra oportunidad». Allí la visión se me puso borrosa y ví todo en negro y en cámara lenta, la boca se me llenó de saliva, las manos se me crisparon en dos puños asesinos, el corazón empezó a latir desenfrenadamente, me levanté de la silla con la fotocopia de mi cédula y mi voucher del pago bancario en la mano crispada y con cara de kung -fú…mientras tomaba mi bolso, y caminaba lentamente hasta la puerta, pensando:¿dónde quedará el baño por aqui?…

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5 comentarios en “Dia 2: ¿Y por qué tengo que esperar a mañana?

  1. Jajajajajajaja, amiga, ¡qué desastre de país en el que vives! pero consuélate, aquí en Lima Perú es igualito todooooo…..cada vez que sacas o renuevas tu pasaporte, con la única diferencia de que aquí si venden desodorantes. Te felicito amiga por tu talento para la narrativa y te dejo mi abrazo grande.
    Ingrid Zetterberg

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  2. Felicitaciones!!!! Tienes muy buena narrativa. Sigue escribiendo pues a la vez son graciosas las anécdotas . Un abrazo muy grande Maria Inés !!!!

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