Dia 15: Un día cualquiera

 

Realmente mi mente está como cerrada. No sé sobre que tema  escribir. Si pudiera plasmar en letras todo lo que veo a diario, tal vez mis lectores dejarían de leerme, porque caerían en depresión. Sin embargo, supuestamente estas Confidencias que escribo deberían ser para “humorizar” la vida cotidiana, y eso cada vez se hace más difícil en un país donde la situación se hace más crítica cada día.

Pero en fin, haciendo de tripas, corazón, como dicen los entendidos, voy a escribir hoy sobre un día cualquiera…

Como algunos de ustedes saben, los que me conocen, (o creen conocerme, porque a veces me transformo en la mujer maravilla y nadie lo sabe, o sea, es mi personalidad secreta), bueno…todos los días me levanto de madrugada para salir a caminar por las calles de la urbanización donde vivo. Debo esperar más o menos a las 5.20 a.m, hora en que los demás deportistas van saliendo a la calle a hacer lo mismo que yo, tratar de mantenerse saludable a base de caminar diariamente, ya que según los médicos, el caminar es el mejor ejercicio, mucho mejor que trotar o correr, ya que el trote o la carrera es un ejercicio excesivo para personas normales y corrientes como nosotros. Cuando digo personas “normales” quiero  referirme a los que como yo, nos dedicamos a trabajar diariamente, a criar una familia y a sufrir las inclemencias de los malos tiempos, porque nuestras aspiraciones no son llegar a las olimpíadas, ni siquiera a los Juegos Centroamericanos y del Caribe, para arrasar con las medallas. ¡No! Nos conformamos con lograr entrar a un supermercado atestado de gente para ¡quizás! poder comprar un kilo de arroz, si ese día toca el terminal de nuestro número de cédula.

En fin, me levanto, hago lo que se hace cada mañana al levantarse, aunque cada vez se hace más difícil lavarse los dientes, pues no se encuentra dentífrico, en fin, ese es otro tema. Aquí en mi casa, gracias a Dios, todavía tengo ese artículo de lujo. Así pues seguidamente que he completado el ritual mañanero, calculo la hora para salir, y cuando son exactamente las 5.20 a.m, salgo de mi casa,  mientras al mismo tiempo voy haciendo mis oraciones al Señor, para que nada malo me ocurra en el camino, que ningún tipo mal intencionado vaya a intentar atracarme  o lastimarme. Casi estoy llegando  a la avenida principal, caminando una carrera de obstáculos entre las bolsas de basura, o la basura sin bolsas, y los huecos de la calle.(Y eso que vivo en una urbanización residencial que puede ubicarse entre las mejores de la ciudad) Es por esa razón que las personas como yo, que tenemos la costumbre de tropezarnos hasta con un suspiro, y nos caemos con mucha facilidad, debemos andar mirando al suelo. Paso por un lugar donde hay tres perros, los cuales, me ladran como todos los días, y a los cuales, les contesto igualmente, imitando su ladrido (que por cierto lo hago muy bien), y ellos me miran como todos los días, bostezando y se quedan callados mientras cabecean su sueño nuevamente. En la casa del frente, canta un gallo su despertar matutino y me pregunto: ¿para qué se tiene un gallo en el patio de casa?. Ya voy llegando a la esquina y justo cuando paso por donde está el último poste de alumbrado público de esa calle, la luz se apaga. Y es lo extraño, a veces pienso que es algo personal, o tal vez peso demasiado y la calle vibra, porque es extraño que pase yo a la hora que pase, justo en ese momento, se apaga esa luz. Mientras en la puerta del un instituto universitario que está en esa misma esquina, se encuentra el vigilante con su perrito. El perro me ladra y el  vigilante me dice “Buenos días señora” y luego le dice al perro: “me la cuidas,¿oiste?, y el perro se queda callado y me sigue por el resto de la calle hasta llegar a la esquina siguiente, donde se detiene, se da la vuelta y regresa con el vigilante, como diciendo: “ya cumplí”.

Sigo mi avance por la avenida, de vez en cuando me cruzo con otro caminante y me dice :”Buenos días” y yo le contesto de igual manera:”Buenos días”.

Más adelante, frente a un edificio, el cual le llamamos “de los militares” porque supuestamente allí viven solamente efectivos de las fuerzas militares,  se encuentra un gran contenedor para que los ciudadanos depositen sus bolsas de basura diariamente. Es ahí , entonces donde comienza mi tristeza. Todos los días veo un hombre joven, que se ve entero, (o sea, entero no porque le falte ningún pedazo, me refiero a entero, porque se ve sano, y en perfecto estado, al menos exteriormente porque interiormente me imagino que adolece de muchas energías),y que me parte el alma cuando lo veo, revolviendo las bolsas de basura buscando algo para comer. ¡Dios mío! En un país como éste, que una vez fue llamado la Venezuela Saudita, cuando las personas gastaban el dinero a manos llenas, donde se importaban hasta palos para las escobas, donde hasta el rancho más indigente en un cerro tenía una antena de televisión en su techo. Donde años después, hasta los ranchos (para los que no conocen este país y sus costumbres, los ranchos son casas que las gentes que no tienen medios de fortuna  construyen con materiales encontrados donde puedan, pueden ser láminas de latón, o bloques o tablas, en fin, lo que pueden encontrar y que luego poco a poco, si su situación va mejorando, van cambiando por bloques y cemento hasta tener una casa en cualquier sitio o ciudad del país donde pueden “invadir” un terreno ajeno), tenían aire acondicionado. Llegando algunos incluso a tener su automóvil en la puerta. Actualmente y gracias a la “robolución” que inició un ser innombrable este país se ha convertido en uno de los  más empobrecidos de América. Pero volviendo al tema del hombre rebuscando en la basura, que tristeza cuando una persona tiene que llegar a esa condición, y lo peor no es eso, lo peor es ver a un anciano en la misma situación.

Dejo atrás el espectáculo que me ha partido en dos el día, y sigo mi camino. Más adelante veo, a mi izquierda, al otro lado de la avenida, un negocio de peluquería abierto…¿a las 5.30 a.m?, pues vaya si han madrugado, pero entonces, fijándome bien, observo que está lleno de hombres de chaqueta negra y hay dos vehículos policiales en la puerta, y es entonces cuando me doy cuenta de lo que hay adentro, sillas destrozadas y todo por el suelo. Desgraciadamente, esa peluquería ha sido violada y robada en la noche o quizás en la madrugada y los ladrones hicieron allí de las suyas. Sigo mi camino, con otro pedazo del alma, partido.

Más adelante, alcanzo a una amiga, con quien a veces coincido y caminamos juntas y nos ponemos a conversar mientras caminamos: “¿Has visto? Robaron en la peluqueria de más abajo, si chica, que horror, bueno, eso es el pan nuestro de cada día, es que la situación en este país está de terror, imaginate que mi prima me dijo que no sé donde, encontraron a un señor muerto dentro de su negocio, como que era allá por detrás de la calle donde yo vivo, ¿si? ¡que horror!, ajá, parece que tenía tres días muerto y se dieron cuenta por el olor y que vieron la santa maría del negocio medio abierta, pero cerrada por adentro, ay chica, que barbaridad…”

Y seguimos nuestro camino en silencio, para encontrarnos más arriba a unos señores armando un tarantín (los que no conocen el vocabulario de este país, un tarantín es cualquier tipo de negocio que se monta en plena calle y que puede estar debajo de una sombrilla, un toldo o un árbol), y mi amiga les grita. “Iiiipa, buenos días, ¿dónde consiguen harina pan?(La harina Pan, es la harina de maíz , materia prima con que se hacen las arepas, empanadas, etc. Y que actualmente es más difícil de conseguir que una aguja en un pajar, y por supuesto la gente se mata por obtenerla), mientras los señores le contestan: “Ay mija, suerte que conseguimos con una bachaquera”.

Debo detenerme aquí para explicar lo que es una “bachaquera”. Para los que no nos conocen, una “bachaquera” es una mujer (puede ser también un hombre, pero generalmente es oficio de mujeres, los hombres no pueden llevar tanto sol haciendo cola y deben refrescarse con su cervecita helada), que pasa el día haciendo cola para comprar productos básicos de la dieta diaria, tales como aceite, harina de maíz o trigo, leche, mantequilla, papel sanitario, café, azúcar, pasta dental, etc, y luego las revenden en el mercado negro ganando a veces hasta el 200%. Ese es un nuevo oficio desarrollado en este país. También hay quienes hacen la cola para otra persona, y luego esa persona les paga una buena cantidad por hacerlo. Como ven, este es un país “de recursos”. También están los vendedores ambulantes que van por “las colas” de personas a la puerta de los supermercados, panaderías o bancos, y que van vendiendo agua, empanadas, pastelitos, chucherías, etc, a precios exagerados. Una vez dejado atrás al señor del tarantín, seguimos caminando hasta llegar a nuestro punto, donde nos damos la vuelta para regresar a nuestras casas, cumplido ya el ritual de la caminada diaria. Volvemos a pasar por el tarantín, volvemos a pasar por la peluquería robada, que ya estaba cerrada y los policías desaparecidos, y donde probablemente los dueños nunca recuperarán los objetos robados, pasamos por el contenedor de basura, ya rebuscado y solo, llegamos a la esquina donde debemos separarnos con un hasta mañana, pues, que te vaya bien… y mi amiga se regresa y me dice: “no te vayas a olvidar, si sabes donde hay leche en polvo, me avisas, o me la compras que luego yo te lo doy…”

Regreso por donde he venido, me saluda el vigilante, me acompaña su perro un trecho del camino, llego al sitio donde los tres perros esta vez ni se molestan en ladrarme, cruzo la otra avenida, veo mi casa desde la esquina, con sus luces encendidas, esperándome, llego a la reja del jardín, saco la llave de mi koala (en algunos países le llaman riñonera), entro a mi jardín, me acerco al árbol de guanábanas que sembró mi esposo, y que nunca pudo probar sus frutos, me doy cuenta que las guanábanas que vi ayer no están en el árbol porque ya pasó el ladrón y se las llevó, y después de molestarme, comento para mis adentros: “pobre diablo, probablemente las necesita más que yo…pero no deja de ser un c&%?&¿&…

Abro la puerta, mi gata siamesa me saluda mientras se lanza en veloz carrera al jardín antes que yo cierre la puerta y yo me adentro en la tibia paz de mi hogar, pensando…”gracias Dios mío…”

 

Dia 14…Después de tanto tiempo…

Ciertamente, ha pasado mucho tiempo, desde la última vez que escribí una «confidencia». Y es que el tiempo pasa tan rápidamente, que no nos damos cuenta… y… ya estaremos en Diciembre pronto, otra vez. Y los días se suceden uno detrás del otro, igualiiiitos todos, con los mismos problemas, con las mismas angustias, con la misma falta de agua, y con la misma falta de café, de leche, de papel sanitario (por cierto, hablando de papel sanitario, me viene a la memoria, una anécdota de mis tiempos de adolescencia, cuando nos reuníamos las amigas en las fiestas del club y alguna quería ir al sanitario, preguntaba muy decentemente a su amiga si tenía «pepal letuá», una palabra misteriosamente afrancesada para preguntar si tenía papel tualé, o sea papel sanitario (papel  toilette pero dicho en criollo y vernáculo), pues en mis tiempos, las niñas bien no osaban decir papel tualé en presencia de  varones). En fin , que es una raya más para un tigre en un país donde actualmente falta de todo,  hasta la educación y las normas de convivencia entre vecinos, en este maltrecho país. Eso se los voy a explicar, pero el próximo día, que me dedique a escribir. Creanme, será algo muy, pero muy interesante…

Pues bien, hoy quería contarles una reciente y divertida experiencia que he «disfrutado» en los últimos días, cuando estuve por dos semanas (o más) sin servicio de internet. La cosa fue de la siguiente manera:

Un viernes por la tarde, viernes de Carnaval para ser más exactos, estaba yo disfrutando una vez más de un fastidioso día, en el cual me encontraba sola y hablando con mi gata siamesa, pero al mismo tiempo escribiendo mis poemas en internet (para quien no me conozca y no está al tanto, soy poeta (o al menos eso intento ser), y lógicamente trato de hacer lo que hace todo poeta que se respete, o sea, escribo poesía. Pero, en fin, me salgo del cuento, prosigo…

Estaba yo conversando con mi gata siamesa Sasha, pero la verdad es que ella no me es de gran ayuda, ya que tiene la mala costumbre de no contestar cuando le hablo, y cuando lo hace, simplemente modula un miauuuu en distintos tonos y yo no consigo entenderla. He intentado aprender su idioma, pero sin éxito, y al mismo tiempo he querido enseñarle a mi gata, el idioma de los sordo mudos, o sea, el idioma de señas, pero cada vez que lo intento, la gata se pone a jugar con mis dedos, así que he decidido que no vale la pena seguir perdiendo tiempo en esas enseñanzas. Así pues, regresé a mi computadora, a lo mío, a lo que más me gusta hacer, escribir mis poemas y colocarlos en los foros de poesía. Pero de repente comencé a notar que se me hacía imposible conectar con el internet. ¡Era totalmente imposible!. Hice todos los intentos habidos y por haber. Apagué el modem, desconecté el router, cambié el cable de red por un usb, cambié el usb por un cable de red, apagué el módem por un minuto, volví a encenderlo, lo volví a apagar, conté los treinta segundos reglamentarios, lo volví a encender, lo reseteé, en fin, no sabía qué más podía hacer. Así que decidí llamar a la compañía de teléfonos del estado, que es la que «ofrece» servicio técnico vía telefónica. Marqué el número con mucha ilusión  pensando: «ellos me resolverán el problema». Toda emocionada y feliz (ilusa de mí, tan grandota y tan «inocente»)marqué el 0800-22688-00 y esperé. Después de no sé cuantos repiques, la agradable y simpática voz de una computadora me contestó y me anunció: «Renovamos las opciones del sistema para brindarle una mejor atención telefónica, escúchalas con detenimiento y selecciona la que mejor se adapte a tu necesidad: Para consulta de saldo o información de lugares de pago: marque 1, para consultas relacionadas con el servicio telefónico: marque 2, para consultas relacionadas con internet: marque 3, para consultas relacionadas con el servicio de televisión por cable: marque 4. Yo marqué, por supuesto la opción 3, antes que me siguiera dando opciones y la operadora computadora me contestó: Para una nueva solicitud de servicio de internet: marque 1, para cambio de plan o información del monto asociado  a su servicio de internet reflejado en su factura: marque 2, para status o ayuda en el registro de internet : marque 3, para reporte de averías o soporte técnico de internet: marque 4, para reclamos de facturación, pagos y reconexión de su servicio de internet: marque 5. Por supuesto que marque la opción 4… antes que me siguiera dando opciones…y, la computadora me informó: Para Aba: marque 1, para otros servicios de internet: marque 2, lógicamente yo marqué la opción 1 , ( el internet de esa empresa recibe el nombre de Aba), y luego me dijo la simpática computadora: por favor  marque el número de teléfono incluyendo el código de área, del número telefónico asociado al servicio de internet. Así pues marqué mi número telefónico asociado al servicio de internet incluyendo  el código de área y nuevamente la computadora-contestadora  me informó que » por su seguridad esta llamada podrá ser grabada y monitoreada». Una vez dicho esto, añadió: Su llamada será atendida en breve por uno de nuestros ejecutivos….Luego la misma voz añadió: Para una mejor atención, usted debe estar situado frente a su computador, el cual debe permanecer encendido….(Digo yo, claro, lógico, si me siento frente al computador apagado…¿no?)

Aquí es entonces donde viene lo bueno de la historia. Si ustedes tienen alguna vez la dicha de tener que utilizar el servicio técnico de Cantv, y llaman a ese número, por favor, primeramente siéntense  cómodamente  y luego, ya bien  instalados tomen el tiempo que se demora en escuchar toda esa perorata. Si lo desean, traigan con ustedes un refresco, un jugo y algo para comer, porque, créanme, les hará falta. Yo, por supuesto, interesada en la ayuda del servicio técnico, me dispuse a esperar con calma y mucha paciencia. Afortunadamente tuvieron la delicadeza de no colocar como «fondo» la musiquita de siempre, que es, o mejor dicho era “El Golpe” de la película de Robert Redford y Paul Newman. En fin, estaba yo preparada y lista frente a la computadora , en espera de que uno de los ejecutivos atendiera mi llamada, cuando de pronto…¡siiiiiiiiiiii!…se escuchó un breve sonido en el auricular y yo emocionada pensé, «viene el ejecutivo a atenderme y solamente esperé 15 minutos», cuando de pronto escuché a través del hilo telefónico, el inconfundible sonido de la llamada que se cae, el tu,tu,tu,tu,tu. y con disgusto colgué el teléfono. Más desalentada que molesta, procedí a repetir la historia. Pensaba en mi mente inocente que había sido casualidad que mi llamada se perdiera. Así, con toda calma, procedí a marcar nuevamente el número telefónico de la empresa estatal y esperé para  escuchar de nuevo toda la retahíla telefónica hasta llegar al mismo punto de la espera del ejecutivo que atendería mi llamada y que por mi seguridad sería grabada y monitoreada, pero esta vez  añadieron: su llamada es importante para nosotros, en breve será atendido.  Cuando entonces al cabo de unos veinte minutos de espera sucedió lo mismo, volvió a caerse la llamada.

Así pues, más desilusionada que molesta, ya que esperaba encontrar la solución de mi problema, me dispuse a intentarlo más tarde.

Al cabo de una media hora más o menos, comencé el calvario de llamar a la empresa de telefonía, y después de escuchar “la historia”, llegué al mismo punto, dónde la llamada se pierde y yo me quedo con los ojos claros y sin vista.

Así que, viendo que ya eran las seis de la tarde y nada podía resolver, opté por llamar a mi amigo Pedro, mi técnico de confianza para cualquier problema concerniente a mi computadora, laptop y demás hierbas. Le llamé y quedamos en que vendría a ver qué podía hacer, al día siguiente, sábado de Carnaval.

Me fui a la cama, desilusionada y muy molesta, pero con la frágil esperanza de que mi amigo Pedro, y técnico de confianza, al día siguiente podría arreglarlo. Ilusa de mi…no sabía lo que me esperaba. Mañana…¡ay mañana!…

Al día siguiente, sábado de Carnaval, a la hora fijada, llegó mi amigo Pedro, cargado con su maletín de “urgencias computarizadas”. Se instaló en mi PC y allí estuvo, sin conseguir que se pudiera restablecer el servicio de internet. Le preparé su consabido café negrito y guayoyo (para los que no sepan que es un café negrito  guayoyo, es un café muy clarito, nada fuerte, pero sabrosito),(afortunadamente, me quedaba algo de café en casa, todavía, y pude prepararlo) y además le serví su vaso de agua fría, que siempre le gusta tomar. Decidimos llamar al Servicio Técnico de 0800-22688, y le advertí lo que había experimentado el día anterior al intentar hacer lo mismo. De todas maneras, él valientemente decidió correr el riesgo. Así que procedimos a marcar el número preciso y a escuchar pacientemente toda la retahíla de “información” dada por la operadora computadora (o al revés). Pero como por arte de magia (o tal vez para hacerme quedar mal ante mi amigo, ya que le había explicado que el día anterior había intentado comunicar con el servicio técnico y no había podido), después de unos largos cinco minutos que más parecían quince por lo extensos, la operadora  ejecutiva contestó y le atendieron. Mi amigo técnico expuso el  problema, le advirtieron nuevamente que debía estar sentado frente al computador encendido y bla, bla,bla,

Mi amigo técnico dio las explicaciones pertinentes, mis datos, en fin toda la información requerida, y le contestaron, “un momento por favor, vamos a verificar los datos en el sistema”. Al cabo de unos cinco minutos, la ejecutiva le informó que. “Gracias por esperar, ya hemos verificado”. Siguieron hablando y de nuevo otra espera, así sucedió unas tres o cuatro veces, siempre  con la pausa “para verificar los datos”, y al cabo de un tiempo prudentemente largo, tomaron el reporte con la amable advertencia, que la falla sería reparada en aproximadamente 72 horas.

Mi amigo el técnico de confianza, se quedó un rato más, haciendo algunos ajustes en el mini router que tuve la suerte de adquirir recientemente de una empresa de telefonía digital y con el cual puedo conectarme a internet, pero a través de esa empresa de telefonía, sin intervención de la empresa estatal. Gracias a ese aparatito antes mencionado, se me harían más llevaderos los días que se me avecinaban.

Y para no hacerles la historia más larga y más pesada que una grúa telescópica, les comentaré que pasó el domingo de Carnaval, y yo esperando que conectaran el internet, después siguió el lunes de Carnaval y yo esperando que conectaran el internet, y pasó el martes de Carnaval y yo esperando que conectaran el internet. Llegó el miércoles de ceniza, y yo esperando que conectaran el internet. Sin embargo tuve la ocurrencia de llamar al 0800-22688-00 para preguntar sobre el status de mi reclamo, y después de escuchar todos los avisos que ya antes les mencioné, alcancé a marcar el número 4 y esperé…hice lo solicitado, marqué el número telefónico asociado al reclamo, con su correspondiente código de área, y al cabo de unos cinco minutos, la respuesta fue: su reclamo será atendido en un lapso de 48 a 72 horas. Así que dejé el teléfono y me puse a pensar cuantos días serían 72 horas, porque el reporte había sido hecho por nosotros el día sábado, o sea una semana antes. Así paso el miércoles, el jueves y el viernes. Ese último día, aproximadamente a las 10 de la mañana sonó el teléfono de mi casa, lo atendí y antes de decir aló, una computadora me informó: Si usted está disfrutando de su servicio de internet marque 1, si todavía no dispone del servicio de internet marque 2. Por supuesto marqué 2.

Tuve que salir a la calle a hacer unas diligencias, y cada quince minutos sonaba mi teléfono móvil y se escuchaba la misma computadora preguntándome sobre el servivio de internet, y yo invariablemente le marcaba el numero 2, o sea. NO tengo servicio de internet todavía. En la tarde, después de almuerzo, me senté frente a la computadora, y procedí a tratar de establecer conexión a través de internet, y ¡albricias!¡eureka! cual no sería mi sorpresa, cuando lo logré. Efectivamente, no cabía en mí del gozo y la alegría. ¡Por fin! Otra vez mi servicio de internet.  Al mismo tiempo sonó el teléfono con la misma computadora preguntándome si ya disponía de servicio de internet :marque 1, y así lo hice,  marqué 1.

Decidí reposar un rato, pues me sentía algo cansada y me fui a mi dormitorio, cuando estaba casi en los brazos de Morfeo, sonó mi móvil y allí estaba de nuevo la computadora preguntándome sobre el servicio de internet y marqué 1. Nuevamente me encontraba casi en el quinto sueño, cuando increíblemente se repitió la operación de la llamadita y marqué 1. Decidí pues, levantarme antes que me fuera a dar dolor de cabeza, me bañé, me cambié de ropa y salí a la calle a hacer alguna otra diligencia pendiente. Cuando me encontraba en esos menesteres sonó mi teléfono móvil…¿adivinan?…Siiiii….marqué la opción 1… Así transcurrió toda la tarde, marcando la opción 1. Creo que las llamadas se sucedían aproximadamente cada media hora. Al fin llegué a casa cerca de la caída del sol, habiendo recibido , no sé, yo creo que unas veinte llamadas para la opción 1. Llegué a casa y entonces también las llamadas eran al teléfono de casa. Así estuvimos hasta la noche, cuando me imagino la computadora se fue a dormir y decidió que si, que era verdad, que yo tenía ya servicio de internet…y no me llamaron más…

Esta ha sido una pequeña anécdota para que mis queridos lectores se hagan una idea de lo “bien” que funcionan los servicios es este país. Pero para los fanáticos, la respuesta sería: los servicios públicos funcionan bien, lo que pasa es que ustedes los oligarcas(o sea todos aquellos que no son adictos al gobierno)…NO TIENEN PACIENCIA…

 

Día 13: ¡Que conste, no soy supersticiosa!

No importa que sea 13:

CONTINUARÉ CON LAS AVENTURAS Y DESVENTURAS DE «UNA MUJER NUEVA» VIVIENDO EN SOCIALISMO.
Original de Maria Ines Arrabal – Todos los derechos reservados – No puede ser copiado sin permiso de la autora – Cualquier coincidencia es simplemente una realidad.

CAPITULO 1 Y 1/4
…Hasta que fueron las 3.45 a.m y sonó el despertador, indicándome que era la hora de levantarme para irme a trabajar, asi que…..Por supuesto, me levanté, aunque con más sueño y cansancio del que tenía al levantarme, despues de la mala noche de tres apagones y un gran escándalo de fiesta de vecinos «algo ebrios» (uf, que decente manera de expresarlo), pero el deber obliga y aunque soy mi propia jefe, sé que si no soy exigente conmigo misma voy derecho por la pendiente del fracaso. En fin, olvidemos los detalles y sigamos la historia. Pasé directamente al baño, casi que medio sonámbula y fuí directo al lavado de dientes… ¡Oh maravilla de las maravillas!…Cuando abrí la pila del lavamanos…¡No había agua!… Algo sumamente extraño en este socialismo del siglo XXI (jajajajajaja, yo misma me reí del chiste). Debo aclarar que puede darse el caso, de que tengamos luz y no tengamos agua, y viceversa, pero lo peor es cuando no tenemos ninguna de las dos cosas, porque teniendo el poco de agua en el tanque, no podemos bombearlo por falta de energía elétrica. En fin, es cuestión de irse acostumbrando a vivir así, como viven «los que tienen Patria», pero no las oportunidades de disfrutarla. En fin, haciendo de tripas corazón, bajé al patio a encender la bomba para bombear(of course, ¿qué otra cosa puede hacer una bomba de agua, sino bombear agua?…Porque no pretenderás que te cante una canción o te baile un joropo, la bomba, quiero decir. O que simplemente explote de indignación…Sigo hablando de la bomba, porque yo ya había explotado a esas horas) un poco de agua para bañarme y hacer otras cosas (que no puedo decir, pero que todos sabemos que se hacen a esa hora, claro, no queda bien explicar tanto). Mientras bombeaba el precioso líquido, logré abrir los ojos para poner la cafetera eléctrica y prepararme el café del desayuno. Bieeeeennn, tenía café de buena marca, gracias a «mis compras nerviosas» cuando veo el café en el mercado, volví a subir a bañarme, y etc, etc, y volvi a bajar para tomar mi café (de buena marca, recuerden, no esas bazofias de Mercal. Para los que no saben de que hablo, Mercal es el nombre de los «abastos» que ha abierto el gobierno para poder humillar a su entera satisfacción a los ciudadanos que no tienen otro remedio que hacer su cola para comprar algun producto, que de paso en esos negocios se lo venden en «combo», o lo que es lo mismo, «si quieres comprar un kilo de arroz debes comprar también una lata de sardinas, una bolsa de avena y una botella de cloro»), y preparar las cosas que debo llevar al negocio, darle la comida a la gata Sasha (una tierna gatita siamesa muy cariñosa , que solo le gusta comer Cat Chow, y que tiene complejo de perro, pues nos sigue a todas partes),apagar la bomba (hay que dejar algo de agua en el tanque como reserva porque uno nunca sabe cuando volverá a venir el agua) y luego subir a vestirme para irme. Hasta aqui todo iba muy bien, sin problemas dignos de mencionar. Terminé a tiempo, como siempre y exactamente a las 4.45 a.m, como todos los días salí de mi casa a pie, en dirección a mi trabajo que está aproximadamente a unas cuatro largas cuadras.Ah! olvidaba mencionar que el poste de la esquina de mi casa, y esa parte de la avenida de la urbanización tienen el alumbrado público apagado desde uuuuuuuuuuuuuu hace muchisimos meses, lo que convierte esa parte en una verdadera boca de lobo, aparte de la soledad inmensa de esa hora, (hemos hecho reclamos a la empresa de electricidad pero lamentablemente no hay dinero para comprar y cambiar bombillos). Pero yo, como buena cristiana (a pesar de ser «Mujer nueva que vive en socialismo») siempre encomiendo mis pasos a Jesucristo, que es el que me lleva y me trae. En fin, salí de casa, agarré mi carrito lleno de peroles (es un carrito de esos de dos rueditas, que se usan para llevar la compra del mercado, y que increiblemente hoy estan costando más de lo que costaba un Renault Dauphine en 1965, pero yo, mujer previsora, lo compré cuando todavía era barato y costaba lo que de verdad costaba como un carrito de mercado,jejejeje), cerré las puertas de mi casa y salí rumbo a mi trabajo. Orando en silencio, como siempre, mientras miro al cielo y me deleito viendo la luna llena (cuando la hay, y si no pues la menguante, la creciente, lo que haya, pues, y si la contaminación atmosférica permite ver el cielo), y si me queda tiempo antes de llegar, pensando algunas tonterias para animarme. Llegué a la puerta del local de mi negocio, a las 4.55 a.m, saqué las llaves de mi bolsillo, metí la primera llave en el primer candado (son siete candados, jejejeje, como en los cuentos, bajo siete llaves) y…¡albricias!…(lo de albricias me parece que suena simpático, aunque no es una palabra muy usada por aqui)…justo en ese momento…¡lo increíble!…
ME PERDONAN LA REPETICIÓN, PERO COMO DICEN EN LAS SERIES TELEVISIVAS DEL IMPERIO…TO BE CONTINUED…
Debo aclarar que estas aventuras fueron escritas en el año 2012, por lo cual, las condiciones de vida para escribir estas «aventuras» han variado considerablemente hoy día. Por ejemplo, ya no tengo «el buen café de marca», solamente lo que se pueda conseguir, o el trueque que pueda hacer con alguna amiga: «Te cambio medio kilo de café por unos papeles sanitarios». Tampoco puedes gozar de tu pasta dental favorita, debes conformarte con «la que hay» y eso si logras conseguirla…Pero ya estas cosas se las contaré más adelante…no se desesperen…que aún falta lo bueno…

Día 12 : Pensando en retroceso…

Como dije el día anterior….sucedió que….
Me puse a recordar que en una oportunidad estuve escribiendo sobre mis experiencias vivídas en la época que trabajaba en mi pequeño restaurant, y que dejé de escribir porque también dejé el restaurant, al agravarse la condición de la salud de mi medio naranjo, y de ciertas otras circunstancias que me impidieron seguir trabajando, pero de eso hablaré en otra oportunidad. Hoy deseo recordar aquellos momentos, cuando me desahogué escribiendo sobre lo que llamé «Las aventuras de la mujer nueva viviendo en socialismo». Hoy quiero comenzar a compartir aquellos recuerdos. No los tengo todos, pues un desgraciado incidente con el disco duro de mi PC provocó que perdiera mucho material ya escrito, y aunque un amigo mío que es el técnico que revisa mi PC me dice que todo esta allí, yo, la verdad, no lo veo por ninguna parte, y ya han pasado más de dos años desde ese triste suceso y no veo que él me traiga el material «recuperado». En fin, voy a tratar de copiar lo poco que logré rescatar de todas aquellas «aventuras». Que conste que fueron escritas a comienzos del año 2013, por lo tanto, en la actualidad la situación está completamente distinta. Ya no puedes comprar los dos kilos de azúcar por persona, ahora si quieres uno tienes que esperar que sea el terminal de tu número de cédula y hacer una cola de más de un kilómetro…pero….perdón, no debo adelantar los acontecimientos…

CAPITULO 1 (De las Aventuras de la mujer nueva viviendo en socialismo)

El viernes, aproximadamente a las 2 de la tarde, sali para el supermercado buscando leche, que por supuesto no había. Pero tuve la suerte de encontrar azúcar, así que por lo tanto aproveché y metí en el carrito los «dos kilos por persona» que se podían comprar y en vista de que no había nada más de lo que yo necesitaba me metí en la cola para pagar. Como era lógico delante de mi habían alrededor de 30 personas más, aprovechando de comprar sus dos kilos de azúcar por persona y sus dos kilos de pasta por persona. Sali del supermercado a las tres horas, ya que mientras hacíamos la cola para pagar, hubo un altercado entre compradores, peleándose por llegar hasta la harina Pan (para los que no conocen nuestro país, la harina Pan, es harina de maíz precocida para preparar arepas), lo que ameritó el cierre de las puertas del supermercado y la intervención de la guardia nacional bolivariana (GNB, hasta cuando el bolivariano, hasta en la sopa). Al fin, logré salir de allí y tomé el camino de regreso a casa, lamentablemente se me ocurrió irme por la autopista y caí en la cola de gandolas de todos los días. Para los que no estén muy enterados de ésto, recuerden que Puerto Cabello es un «puerto» y por lo tanto el tráfico de gandolas es interminable por todas partes, además que los choferes de gandolas son unos abusadores y se toman todo el espacio, y los vehículos no pueden circular normalmente, a veces debes pasar más de una hora en la cola. En una oportunidad estuve 5 horas, pero eso no tiene importancia, lo importante (como dice el presidente de los que votaron por él) es tener Patria. En fin, llegué a casa bastante cansada y al fin logré bañarme (afortunadamente había agua y no se había ido la luz,por lo que pude utilizar el calentador de agua, pues bañarme con agua fría me pone de muy mal humor, y la verdad ya estaba suficientemente malhumorada por todos los acontecimientos de la tarde), guardar mis dos maravillosos kilos de azúcar por persona y arrastrarme hasta mi cama. Digo arrastrarme por lo cansada que estaba, pues no he contado el trabajo de la mañana, pero eso es cuento aparte. Por finnnn, a la camita a descansar. Me saltaré algunos detalles sin importancia y llego a las 9 de la noche, hora en que me duermo para tener ánimo y despertarme como todos los días a las 3.45 a.m. Ah, dormir, pero…unos vecinos tenían una fiesta y el escándalo era grande, así que de todas maneras el cansancio logró que me durmiera, hasta….¡que se fue la luz!…Cuando esto ocurre nos quedamos sin aire acondicionado, nos morimos de calor y por supuesto no dormimos.Y si se nos ocurre abrir las ventanas para dar paso a la brisa nocturna, junto con ella entran unos zancudos patas blancas, del tamaño de caballos (jejejejejejej, bueno algo más pequeños) que te acribillan a su gusto. En fin… durante el paso de la noche del Viernes a la madrugada del sábado, tuvimos tres apagones de diferente intensidad, por lo que nuestro descanso también fué de diferente intensidad, y matizado por el escándalo de los vecinos con su fiesta, que aun sin luz igual siguieron gritando en la calle, (digo gritando porque aquello no era cantar ni mucho menos)jejejejejeje. Hasta que fueron las 3.45 a.m y sonó el despertador, indicándome que era la hora de levantarme para irme a trabajar, asi que…..

CONTINUARÁ…O como dirían en el IMPERIO…TO BE CONTINUED

DIA 11: ¡COMO HAN PASADO LOS DÍAS!…

Ciertamente, ¡cómo han pasado los días!…Y yo dejé de escribir. Pareciera que me quedé allí, pasmada en el baño, esperando que llegara la energía eléctrica para terminar de darme el ansiado baño con agua deliciosamente tibia(en más confianza todavía les confieso que el agua fría para bañarme me pone de muy mal humor. Me transforma en un ser agresivo y despierta mis instintos más salvajes, jejejejej),y mientras tanto, estaba allí, pensativa, envuelta en una toalla y con el cuerpo lleno de jabón, mascullando entre dientes algunas de las pocas palabrotas que me sé y que nunca digo porque no me gusta decirlas, pero que de vez en cuando las pienso, añadidas al nombre de alguno de los responsables de esta vida tan complicada que nos está tocando vivir (léase los del gobierno y que socialista). Me quedé allí, como ya dije, en la oscuridad, en la penumbra de una tarde grís…(¡que poética!). Por cierto, cuando está oscuro tiendo a marearme y eso me desagrada, por lo que decidí secarme bien, olvidarme del resto del baño y subir a mi habitación a ponerme la ropa limpia y la máscara de felicidad que llevamos todos los días para acallar la conciencia de tanta rabia contenida. ¿Qué puedes hacer, en una tarde calurosa, cuando no tienes energía eléctrica? No puedes encender la televisión, tampoco puedes leer porque no hay luz suficiente y por si fuera poco, tu última carta que sería encender la computadora tampoco puedes hacerlo por la misma causa. Así pues pensé, “pues ni modo, me acostaré un rato, y para mitigar el calor, encenderé el ventilador recargable”. Pues sí…¡Tengo un ventilador recargable! Mejor dicho tengo dos, uno es de baterías que me regaló una cuñada cuando vino del “imperio”, pero ese es más complicado pues no se consiguen las baterías de su tamaño, jejejej, que raro, así que tengo otro ventilador recargable, uno que hace algunos años, estando de tiendas con mi medio naranjo y en una época en que la energía eléctrica era cortada cada media hora (por así decir), tuvimos la brillante idea de comprar un magnífico ventilador recargable con una poderosa linterna. El mencionado artefacto tiene una autonomía de ocho horas, lo cual permite poder dormir más o menos fresco una noche. Por supuesto, luego debes mantenerlo enchufado para que cargue la batería. Esa maravillosa compra tuvo un costo de quinientos bolívares fuertes (de esos que ni son fuertes ni valen nada, pero eran solo quinientos y en aquel momento parecía un dineral, pues todavía teníamos en mente el equivalente de nuestra moneda cuando no era “tan fuerte” y esa cifra equivalía a quinientos mil bolivares). Pues bien, ese mismo ventilador, hoy día, despues de dos años de haberlo adquirido, llegó a la “irrisoria” suma de quince mil bolívares de ahora que colocados a los de antes serían quince millones de bolívares, jajajajaja, (¡ay que me parto de risa!) En fin, reflexionando, acostada en mi cama, me dí cuenta que cuando nos cortan la energía eléctrica, nos roban parte de nuestra vida. Si te fijas bien, te darás cuenta que en esas tres o cuatro horas perdidas,(se ha dado el caso de hasta 24 horas sin energía eléctrica) has dejado de hacer tantas cosas, has perdido un tiempo precioso que nunca más vas a recuperar y lo que es peor, que no puedes reclamarlo a nadie porque nadie está dispuesto a hacerte caso. No hay nadie a quien denunciar, porque supuestamente nadie es culpable de esos cortes (¿O llamaríamos atropellos a la dignidad humana?), salvo una pobre iguana a quien en una oportunidad quisieron darle la culpa y los del gobierno quedaron como los propios &/%=&%% (interpreten mi silencio). Claro, la iguana quedó para siempre culpable, porque no encontró abogado defensor entre su especie. Algo bien conocido entre “la especie humana no adepta al gobierno”,( o sea, que no hay quien te defienda, pues). En fin, para no entrar en detalles más profundos, les comentaré que me puse a recordar en mis recientes experiencias y aventuras y llegué a la conclusión de que realmente es una aventura salir a hacer compras, hay que armarse de una dosis bien grande de paciencia y buen humor para andar por esas calles. Primeramente te quedas deslumbrada, maravillada y hasta avergonzada si se quiere, ante la humillación humana de ver largas colas, kilométricas colas, ante los supermercados, las farmacias, y cualquier establecimiento donde ese día llegaron las mercancías. El gobierno venezolano ha dispuesto que las ventas de productos regulados, o sea, de aquellos productos de consumo masivo que se venden a un precio más o menos llevadero para el bolsillo del pueblo, y digo más o menos porque igual tienen precios astronómicos, pero nos hacen creer que son “baratos”, repito, esas ventas se hacen de acuerdo al último número de su cedula de identidad o carnet de identificación, a mi personalmente me tocaría ir a comprar los jueves, pues mi cedula termina en 7, pero que nunca voy, porque no soy persona de perder un dia completo al sol haciendo una cola kilométrica para comprar un kilo de harina y otro de arroz, y cuatro rollos de papel sanitario, y porque pareciera que todo el mundo tiene una cédula terminada en ese número, pues los jueves es cuando las colas son más largas. Así que conmigo no cuenten para eso. Pues si, da dolor ver mujeres con bebés en brazos, señoras y señores ancianos, mujeres con niños llorando por sed y calor, haciendo las largas colas que pueden ser kilométricas como ya mencioné.Y que además siempre aparece el que aprovecha todas las oportunidades y llega armando su tarantín y vendiendo empanadas, agua o refrescos, y hace su agosto especulando con eso. Pues ese día, (no era jueves, sino miércoles) fui yo a un establecimiento que llaman supermercado de salud donde venden medicinas, cosméticos, etc,(fui a retirar unos anteojos que había mandado a hacer, y tenía pendientes desde hacía un mes, a un costo de Bs. 20.000,00, pues al retirarlos, la empleada de la óptica me comentó: Menos mal que los hizo hace un mes, porque las monturas de los anteojos subieron a 30.000 Bs. Solitas, sin los vidrios .) y al ir a cancelar mis compras tuve la humillación de tener que poner sobre un aparatito, los dedos pulgares de ambas manos, para ser identificada. Creanme que me provocó dejar las compras y salir corriendo, la empleada al ver mi malestar me pidió disculpas y me dijo: Sra. No es nuestra culpa, el gobierno lo ordena. Luego fue mejor, al día siguiente, en otro establecimiento parecido, pero de otra cadena de tiendas, al ir a cancelar, me pidieron ¡ mi fecha de nacimiento!, jajajajajaja, también por orden del gobierno. ¡Increíble!…Supongo que ahora tendremos que salir hasta con la partida de nacimiento, acta de matrimonio, pasaporte y signo del zodíaco, y pare ud. de contar. Por cierto, hace dos meses compré una arepa rellena en un restaurant un día viernes, la pagué en 230 bolivares, al lunes siguiente en el mismo sitio compre la misma arepa y la pague en 250 bolivares, a los quince días en el mismo sitio , la misma arepa, la pague a 300 bs., al mes…la misma arepa en el mismo sitio, a 350 bs. Y ayer, quince días después, la misma arepa en el mismo sitio a 400 bs. Jajajajajajaj.(Ah, todo eso hay que añadirle el impuesto, o sea el IVA).
Pero eso no es lo más increíble de este pequeño planeta (no es un país, es un mundo aparte, por eso lo llamo planeta), ayer tuve que pagar Bs. 30.000,oo por una batería para el automóvil, y eso por intermedio de un amigo, de una amiga, de otro amigo,(Baterías que hasta hace unos años, costaban dos mil bs. las más caras y eran de libre comercio) que me la consiguió por medio de un bachaquero.¡Ah, perdón! Para los que no están acostumbrados a este término, les instruyo, un bachaquero es una persona que se pasa el día haciendo cola en los establecimientos, para conseguir los productos de primera necesidad y luego revendertelos ganando el 200 por ciento. Ya hablaremos de este tema más adelante.Y así…reflexionando sobre todoas estas circunstanciascque hacen de nuestros días, una nueva aventura…en eso… sucedió que….

Dia 10: Las cosas no eran tan fáciles como parecían…

Así mismito era…Las cosas no iban a ser tan fáciles como yo pensaba, inocentemente. Esa tarde llegué a mi casa esperanzada y para relajarme un poco y quitarme de encima el agobio, decidí que bien podría darme un buen baño y luego pasar el resto de la tarde sentada en mi computadora, escribiendo poesía, que es lo que me gusta, o haciendo diseños, que también me agrada hacer. Tranquilamente me fuí a mi habitación, me quité la ropa que traía totalmente sudada, y poniendome una bata, bajé al piso inferior a darme un buen baño. No porque en mi habitación no hubiera sala de baño, sino porque el agua es tan poca, que no llega con fuerza al baño de arriba y entonces las cuatro gotas que salen están demasiado heladas (porque el calentador sin presión de agua no funciona), y yo, para serles sinceras, con el agua fría me pongo de muy mal humor y se me revuelven los apellidos y se me despiertan los instintos asesinos que todos llevamos adentro. Entonces me fuí a bañar al baño del piso de abajo. Me quité mi bata, me anudé el cabello bajo el gorro de ducha (hay que ahorrar agua, así que para lavarme la cabeza debo ir a la peluqueria)y abrí la regadera, triunfante y deseosa de refrescar mi sudoroso cuerpo, pero… como bien ha dicho siempre mi querido medio naranjo»una cosa piensa el burro y otra el que le pone la enjalma», cuando dí vuelta a la llave, solamente me respondió el silencio de los inocentes (valga la expresión), pues inocentemente pensé en darme un baño, olvidando que a veces el agua del tanque se acaba sin previo aviso y debo poner la bomba que chupe agua del tanque que tengo en el patio y la envíe al tanque del techo para que despues esa agua baje por gravedad a las tuberías de la casa. Por lo tanto, cerré la llave de la ducha, me puse mi bata de nuevo y pasé a través de la cocina, al lavandero, donde está la mencionada bomba, para encenderla y comenzar a bombear el precioso líquido. Así lo hice, mientras esperaba unos diez minutos a que subiera el agua suficiente para bañarme,  me senté a elucubrar y a pensar como era la vida antes en nuestro país. Cuando no se hablaba de revolución, cuando no estábamos divididos en escuálidos(los contrarios al gobierno) y patriotas(los adeptos al gobierno y a la robolución, perdón quise decir revolución), cuando eramos felices y no lo sabíamos, cuando ibamos al supermercado y comprábamos de todo lo que se nos ocurriera, disfrutando de la variedad de marcas y productos que se encontraban en los estantes. Cuando los tomates costaban 10 bolivares el kilo y la carne más cara era el lomito en 80 bolivares, y si querias podías comprar cuantos lomitos te diera la gana, cuando había leche de todas las marcas y además entera, semidescremada, deslactosada, evaporada o condensada, de almendras o de soya, café molido o en granos, instantáneo y hasta descafeinado de muchas marcas. Cuando existía el champú y las toallas sanitarias, en todas sus variedades, la pasta dental y el enjuage bucal. Cuando las mandarinas costaban 20 bs. el kilo, y podías disfrutar en Navidad de frutas exóticas como las cerezas, en 300 bs. el kilo. Cuando comprarte ropa o zapatos era más que una necesidad, una diversión de los fines de semana, y hasta podías pensar en ir a un buen restaurante. Cuando existían los tintes para el cabello y los cosméticos de todas las marcas y precios. Ahora todo ha cambiado, ahora somos un pueblo dividido, mirándonos con recelo los unos a los otros, con miedo a hablar  (por si me escucha aquel que está allá), los anaqueles de los supermercados están vacíos, mientras las colas en la puerta de los negocios, son interminables, para comprar dos kilos de harina por persona, o un paquete de pañales, si hoy es el terminal de tu número de cédula, compras…si no es, olvídate, no puedes comprar. Ir de compras a un centro comercial de lujo a comprar ropa o zapatos, ya no es por diversión, ni siquiera por necesidad, es simplemente para pasar el rato viendo los escaparates y asombrándote de los precios y repitiendo: ¡Que horror!…Y comprarte el último CD del cantante de moda…¡ni lo sueñes!…te cuesta lo mismo que unos buenos zapatos hace algunos años, o sea…¡un realero!. En la frutería, el tomate lo puedes comprar (digo si puedes) a 250 el kilo o más, y las mandarinas pasan de 500 bs.el kilo. ¡Ah!Una manzana te cuesta 1.200 bs., (Se salvó Blanca Nieves).Y una botella de aceite de oliva de 750 ml, si la quieres la tienes que pagar hasta en 15.000 bs. Bueno, distraída en esas meditaciones tan edificantes, se me pasaron los diez minutos, así que antes que fuera más tarde, procedí a apagar la bomba y  regresar al baño para ver si al fin lograba darme el anhelado baño…¡Oh tonta de mi!…¡Soñando con imposibles!…Tenía suficiente agua…¡al fín!…abrí la regadera y dejé caer el codiciado líquido , que debido a la presión, hacía que el calentador de agua funcionara debidamente y la misma  saliera deliciosamente tibia…Me mojé el cuerpo totalmente y seguidamente cerré la llave de la regadera para economizar el bendito líquido. Me enjaboné a conciencia (con la regadera cerrada, claro, que aunque el jabón no hace tanta espuma igual enjabona), refrescándome, dándome un gusto, disfrutándolo…y fué entonces cuando ocurrió…justo en ese momento…sin previo aviso…cuando acababa  de dejar que el precioso líquido cayerá sobre mi cuerpo para quitarme el jabón de encima, ¡se apagó la luz del baño!…se fué la energía eléctrica,¡la luz se fué!, el calentador dejo de calentar y el agua salió completamente helada, obligándome a cerrar la llave y quedarme tiritando, llena de jabón de pies a cabeza (y hasta en los ojos, que fué lo peor), en mi mente saliendo los signos que indican malas palabras en las comiquitas (&%$º&¿¡)…y pensando…¿ahora qué hago?…

Día 9: No me queda de otra…

Pues sí, a estas alturas, ya no me queda de otra, sino aceptar todo lo que los del Municipio me digan. Por si no lo recuerdan, yo tenía el virus de la chigunkuya en esos momentos y los dolores de las extremidades eran bastante fuertes, pero aún así debía continuar con estos trámites que debía hacer «urgentes». Y resalto así con comillas la palabra urgentes, porque en verdad así lo eran, pero nadie parecía darse cuenta ni importarle un pepino. Así pues a las dos de la tarde, con el ánimo por los suelos, y los pies también, pues los arrastraba del dolor, reinicié la aventura del día. Me saltaré los detalles, porque creo que ya son harto conocidos por todos mis lectores, la misma rutina cansona de cada vez que voy a hacer alguna diligencia o trámite. Por supuesto unas veces con más ánimo que otras, pero siempre la misma rutina tediosa . Llegué a la oficina donde debían atenderme, un poco antes de las dos de la tarde, siempre siendo recibida por una lima de uñas en las manos de la eficiente señorita, aunque para mi desilusión, esta vez la lima de uñas reposaba sobre el escritorio, completamente inerte  y abandonada, y en su lugar, en las manos de la señorita de camisa roja y pantalones jeans tan ajustados que le impedían respirar, en sus manos, repito, había ¡oh delicia!, un yogurt de fresa. Dicho yogurt era paladeado con sensual gracia y deleite por la famosa señorita de ajustados pantalones, que a la verdad no tengo ni la más mínima idea como podía tragarlo sin que le saltaran los botones de la camisa, que aunque era tipo chemise, tenía cuatro botones en el cuello y escote, de los cuales solamente uno al final permanecía abrochado, los otros tres estaban abiertos dejando ver su esplendorosa pechuga (?). Por lo tanto, entré al fin a la oficina, y digo al fin, porque cuando abrí la puerta de vidrio que tenía un cartel que decía «empuje», justo en ese momento un hombre empujó la puerta desde adentro, a pesar de que adentro hay un cartel que dice «hale», y me empujó a mi literalmente, con todo y puerta, saliendo él primero, sin la menor cortesía de su parte de «que las damas primero». Bah! pequeños y nimios detalles, que no iban a arrugar mi ceño ni a arruinar mi mente positiva. Repetí mis «Buenas tardes» de siempre, que no encontraron eco en ninguna parte, y seguidamente pregunté por el ingeniero Fulano, el cual para mi sorpresa, acababa de llegar y me atendería en un momento. La alegría en el corazón me invadía y me dispuse a esperarlo. Mi espera resulto fructífera, pues al cabo de solamente unos quince minutos, aparecio el ansiado ingeniero Fulano, quién como dije anteriormente, era una persona bajita, medio calva, pero muy amable, quien muy prestamente me saludó (oh maravilla) y revisando los papeles que traía yo en la carpeta marrón tamaño oficio, con gancho, me aseguró que estaban bien (Gloria a Dios!) y que serían revisados y yo podría pasar a saber el resultado, en tres días hábiles. Los cuales, tomando en cuenta que estábamos  a jueves, serían el lunes, y así tal le pregunté, sin embargo el ingeniero Fulano me aseguró»que mejor véngase el martes». Por supuesto, me despedí cortesmente, dí un último vistazo a la chica del yogurt, quien seguía saboreándolo a conciencia y salí de allí con mejor ánimo. Con la firme creencia de que pronto resolvería este problema y yo podría continuar con el trámite de las solvencias…¡Ay! pobre incauta e inocente yo. Las cosas no eran tan fáciles como parecían…

Día 8: Hoy me propuse llegar más temprano, pero…

Como les había dicho, me había propuesto llegar más temprano el próximo día, pero..como decía mi medio naranjo «una cosa piensa el burro, y otra el que le pone la enjalma», así que… ¡sí! ciertamente, me levanté con buen ánimo, a pesar de haberme despertado a las 2.45 a.m, como me sucede casi todas las noches. No entiendo por qué razón mi reloj biológico se empeña en despertarme a esa hora, cuando podría dejarme dormir hasta un poco más tarde, ya que no tengo que levantarme para ir al trabajo. En fín, una vez despierta, pues no me quedan sino dos soluciones: la primera ir al baño a cambiar el agua del tanque (jejejejej, me entienden, ¿verdad?), y la segunda ponerme a ver televisión, cosa que francamente no me provoca. Así que voy al baño y regreso a mi camita a ponerme a pensar en todo lo que me espera ese día. Concilio el sueño pasadas las cuatro de la madrugada, lo sé porque a esa hora veo el reloj por última vez. Así que despierto a las seis de la mañana, y procedo a mi ritual mañanero, el mismo que cada persona acostumbra hacer en sus casas, exceptuando logicamente a las que no tienen ese día agua y deben buscar «un perolito con agua» en alguna parte de la casa para poder lavarse los dientes. Al fin, logro superar la prueba de la mañana, tomo mi café del desayuno, veo la hora en el reloj: «Las ocho de la mañana, buena hora para ir a lo de las solvencias». Me voy a mi habitación a vestirme y ya arreglada y antes de salir, veo mi lista de papeles que debo presentar. Escribo a mano el oficio dirigido al Señor Menganejo, ya que mi impresora de una conocida marca y que sí se pueden recargar sus cartuchos de tinta, no quiere funcionar bien, con ésto quiero decir, que mi impresora de reconocida marca, imprime cuando quiere, no cuando yo se lo pido, y si es la otra impresora que tengo,  de también reconocida marca, pero que no se le pueden recargar los cartuchos de tinta, esa no tiene tinta desde hace mucho tiempo, tinta que de paso, si la encuentras en alguna parte, te cuesta lo que antes te costaba la impresora, por lo tanto ambas están fuera de uso. Una vez listo el oficio dirigido al Señor Menganejo, donde le explico mi solicitud, procedo a buscar y apartar los documentos que necesito fotocopiar. Afortunadamente los encuentro todos y reuniéndolos en un sobre manila tamaño  oficio, salgo en busca de donde fotocopìarlos. Salgo en mi automóvil y voy hasta el pequeño negocio donde la señora simpática aunque algo gordita, pero muy amable, me recibe con una sonrisa de buenos días y procede a sacar las copias que le solicito. Una vez pagadas las copias, reunidas todas en una carpeta marrón, tamaño oficio con gancho, me despido de la señora simpática y gordita, y me encamino a la oficina de la Alcaldía. Allí encuentro de nuevo a la señorita que se lima las uñas, con la misma paciencia y tesón del otro día, con los mismos pantalones blue jeans que le apretan hasta la cédula y no la dejan respirar , y con el mismo silencio e indiferencia ante mis «Buenos días». No me vé, ni siquiera me mira a los ojos, pero con tono de disgusto me dice: ¿A quién busca?.Le respondo que al Ingeniero Fulano, me contesta en el mismo tono opaco e indiferente: «Un momento, siéntese por ahí». El señor flaco de bigotes y camisa roja, todavía está hablando de las bondades del gobierno , creo que desde ayer no ha dejado de hablar sobre el mismo tema, pero hace una pausa y me dice «¿Cómo está?…Me sorprendo, pero le contesto: Bien, gracias ¿y usted?…Ya, mucho pedir, no obtengo respuesta. Decido sentarme, el calor apretaba, el aire acondicionado de esa oficina debía estar apagado creo yo, porque el ambiente, a pesar de ser un espacio muy pequeño, estaba caluroso,  a menos que se debiera al «calor humano» de los que trabajan allí (cosa que pongo en duda). Al fin, despues de aproximadamente media hora de impaciente espera, sale una señorita flaca, de camisa roja y ojos de sueño, la cual  me pregunta:¿Quién busca al Ingeniero Fulano?…Enseguida me levanto y contesto ¡Yo! (aunque en mi cerebro resonó la palabra ¡Bingo!)…¿Para qué lo  busca? Es su siguiente pregunta…Yo me animo, (pensando que pronto saldré de este vaporón, aunque estaba tan lejos de sospechar lo que aún me faltaba…siempre yo de inocentona…) y le respondo explicándole lo mismo que expliqué el día anterior, pero añadiendo los requisitos que debía entregar. La señorita flaca, de camisa roja y ojos de sueño, me indica con una sonrisa (no se si por mala intención o de verdad le dí lástima), «¡Ah! un momento, sientese por favor». Así pues, me siento una vez más, dispuesta a armarme de paciencia, pero al mismo tiempo con la ingenua esperanza de que pronto resolvería éste problema. Al cabo de quince minutos más o menos, se abre la puerta por donde apareció la señorita flaca, de camisa roja y ojos de sueño y yo me levanté entusiasmada, pensando que al fín, ahora sí, hablaría con el Ingeniero Fulano y resolvería el problema. Pero definitivamente parece que yo sigo creyendo en cuentos de caminos, ando caída de la mata o creo en pajaritos preñados, porque sí, la puerta se abrió, pero quien apareció tras ella fue nuevamente la señorita flaca, de camisa roja y ojos de sueño, quién con voz monótona y cansada me dijo: «El ingeniero Fulano, está en una reunión y estará aquí a las doce, si usted quiere lo espera, pero mejor venga como a las dos para que él pueda atenderla». Vienen entonces a mi mente las preguntas, las terribles incógnitas: «¿Si no estaba, por qué no me lo dijo antes, hace cuarenta y cinco minutos?,¿Para qué voy a esperarlo si viene a las doce y solamente me atenderá a las dos de la tarde?,¿Será que tengo cara de tonta?, ¿Cuándo caerá este gobierno?¿Habrá arepa de reina pepeada en el restaurancito dónde la preparan tan sabrosa?…Miro la hora en mi celular, las once y media de la mañana, una mañana más que he perdido en un papeleo sin sentido, pero que inevitablemente debo resolver…Volveré a las dos de la tarde, quizás a esa hora, tenga mejor suerte…así que tomo entre mis manos mi sobre manila tamaño oficio, donde está el oficio escrito dirigido al Señor Menganejo, las fotocopias de los documentos de propiedad de los inmuebles, las fotocopias de las cédulas (ampliadas por cierto y a color, como me las pidieron) de mi medio naranjo y yo,  y no sé que otro documento que no me acuerdo puede estar allí y salgo, cabizbaja y meditabunda, (o como diría mi hija cabizbunda y meditabaja), y emprendo la aventura de regresar a donde está mi vehículo estacionado, (sorteando a los motorizados y a los choferes de vehículos que parece están todos apurados por llegar a casa, pues se les enfría la sopa), esperándo para lanzarme su bocanada de calor al abrirle la puerta. ¡Qué sol tan bárbaro está brillando en los cielos!…Me coloco mis lentes ahumados y con el control de la alarma en la mano le hago ¡click, click! antes que se dispare y me vuelva loca (un poco más de lo que estoy en este momento). Me trago el vaho de calor al abrir la puerta, la cual cierro lentamente, desarmo el trancapedal, quito el tapaasol del vidrio delantero, enciendo el auto, pongo el aire acondicionado del mismo a toda máquina a ver si me refresco un poco, y doblando mis brazos sobre el volante, recuesto allí, en silencio y con ganas de ,llorar, mi cabeza cansada, recalentada por el calor y la frustación, y con unos salvajes deseos de cometer una locura o de convertirme en asesina…No me queda de otra, regresar a casa, tragar grueso y esperar a las dos de la tarde…

Día 7: Lo que viene es candela

Pues sí, yo había abandonado la oficina municipal, con el corazón palpitando con cierto desacostumbrado ritmo. Un ritmo que no era “ni chicha ni limonada”, como podríamos decir. Porque no sabía si era la rabia la que me atenazaba el estómago, la desilusión por el tiempo perdido… o el hambre que tenía por lo avanzado de la hora. Mi cerebro no concebía, no lograba entender, el por qué un empleado público puede ser tan descortés y desconsiderado, puesto que yo había llegado aún en horario de trabajo, el funcionario se encontraba sin hacer nada (solo bostezar), y había tiempo suficiente para revisarme las planillas bancarias y decirme si todo estaba bien. En fin, para no amargarme tanto la hora del almuerzo, decidí regresar a mi casa y con calma, comer algo, reposar dos minutos y volver antes de la una de la tarde a la oficina, de manera de que ya que comienzan a trabajar (dice uno) a la una de la tarde, tal vez yo lograra ser la primera de la cola y poder ser atendida antes. Así pues inicié el proceso de regreso, con los pasos que ya todos ustedes conocen, (trancapedal y demás). Llegué a casa con cierta alteración rítmica en mi corazón, a la cual ya no hago caso, pues por si no lo saben, mi corazón tiene un tercer latido. ¡Ajá! A que no sabían que eso existía. Y no es broma. Mi corazón en vez de latir con un “pum, pum” como hacen todos los corazones del mundo, pues hace más bien “pum, pum…pum”. Jajajajaja, siii, es cierto. Eso se llama “click” y hace ya bastantes años el cardiólogo me informó que el “click” lo padecía el 9% de la población mundial y que era una enfermedad congénita. Me imagino que actualmente el porcentaje debe ser mayor, sin embargo, a mí en nada me afecta, solo un ligero pataleo en el corazón. Por cierto que el médico que lo diagnosticó tiene muy buen oído, porque tengo entendido que es muy difícil de escuchar el “tercer latido” y por eso la dificultad de diagnóstico. Yo también tengo un super oído porque también me lo escucho (el tercer latido quiero decir). Mi familia menciona siempre mi “super oído”, pues puedo escuchar la conversación de una persona en el celular desde bastante distancia, pudiendo entender lo que habla. Y no solamente eso. Desde la puerta del garaje de mi casa podía escuchar el despertador de la habitación del primer piso de la casa que está enfrente de la mía, cuando yo salía a las 4.45 a.m para ir al trabajo. Todo un record de super oído.
Llegué a casa y realicé los rituales de la hora. Afortunadamente hoy los dolores de la chikungunya no eran tan fuertes. Preparar el almuerzo, poner la mesa, comer, lavarme los dientes, bañarme y ver el reloj para comprobar cuanto tiempo me quedaba. Ya casi era la hora, así que salí de mi casa, me fui por el atajo que da a la autopista para no tener que pararme en los semáforos, o comerme las luces rojas si fuera necesario. Llegué a la alcaldía, realicé el ritual de siempre, y llegué a la oficina, faltando quince minutos para la una de la tarde. Entré, me coloqué en el primer lugar de la cola, junto a la ventanilla en la cual debes agacharte para poder hablar por el hueco del vidrio. Justamente a la media hora, llegó el funcionario (quince minutos más tarde de su hora de entrada, pero me imagino que había trabajado demasiado en la mañana y por eso se tomó quince minutos más de su hora de descanso, pobre hombre), ¡Buenas tardes!, lo saludo…¿Qué deseaba? Me responde…Bueno, aquí están las planillas para que las revise pues quiero pagar los impuestos para sacar las solvencias…le contesto, al mismo tiempo que le entrego las planillas. El funcionario las toma, les da vuelta, las vuelve a ordenar, le da más vueltas y al fin enciende su computadora. Debo esperar que cargue el sistema, me informa. Cuando al fin sucede el milagro de cargarse el sistema, el funcionario revisa mi cuenta y calmosamente y con una sonrisa en su boca (primera vez que lo veo sonreír), me informa que no me pueden dar la solvencia porque mi negocio tiene una multa pendiente de hace varios años.¿Cómo?, respondo yo.¿ Pero si mis inmuebles y de mi medio naranjo, nada tienen que ver con mi negocio?. Además…(le explico)…las solvencias deben salir a mi nombre y al de mi medio naranjo. Entonces el amable funcionario se ensarta en un regaño hacia mi persona :¿por qué las registraron con este nombre?…Respondo: Yo no lo hice, yo los registre con mi nombre y el de mi medio naranjo…Me increpa:¿Quién lo hizo entonces?…Le respondo: No lo sé…Sigue interrogándome: ¿Quién lo hizo?…Contesto: Ya le dije que no lo sé, dígame que hago ahora. A estas alturas, detrás de mi se habían concentrado unas 10 personas, esperando para ser atendidas, y casualmente todas tenían cara de disgusto. El funcionario, casi lanzando espuma por la boca, me dice: Vaya a la oficina de al lado y pregunte por el ingeniero Fulano. Retiro todas mis planillas , me despido con un débil :Gracias. Y arrastrando mis adoloridas piernas salgo de ésta oficina para dirigirme a la oficina de al lado. Entro y veo a una funcionaria , con su camisa roja, bien apretada dentro de unos blue jeans a punto de reventar, sentada detrás de un escritorio, quien concienzudamente estaba enfrascada en un minucioso limado de uñas. Y en el otro lado un señor de cierta edad, muy delgado y con cara de sueño y bigote, y con su consabida camisa roja, sentado en una incómoda silla y el cual parecía ser el vigilante. Buenas tardes (saludo). Buenas tardes (me contesta el señor mayor de cierta edad con cara de sueño y camisa roja)…¿Qué deseaba?…Le informo que deseo hablar con el Ingeniero Fulano. El señor mayor de cierta edad y camisa roja me contesta que le diga a la señorita. (La señorita era la misma del blue jeans apretado hasta reventar quien limaba sus uñas a discreción). Camino hasta el escritorio y le digo: Buenas tardes, señorita, podría hablar con el Ingeniero Fulano?…Me contesta: déjeme ver, espere aquí, (el buenas tardes brilló por su ausencia). Deja por un momento la lima de sus manos y haciendo un gran esfuerzo (se le notaba en el rostro, me imagino por la presión de los blue jeans), tomó el teléfono, marcó un número, habló algo en voz apenas audible, colgó y me dijo: Ya viene, sientese por ahí.Gracias, le contesté, prefiero estar de pie (la razón era que me dolían demasiado las piernas y la espalda debido al virus, y sentarme y levantarme era una verdadera tortura). Al cabo de unos quince minutos de espera desesperada, apareció otra señorita, esta vez flaca, muy flaca, con camisa roja, blue jeans también apretados, pero respirables, quien medio asomada por la puerta preguntó: ¿Quién es que quiere hablar con el ingeniero Fulano?…Me acerqué y le contesté: Yo misma. Me preguntó ella: ¿Para que quiere hablarle?…Le contesté: Para exponerle un problema que tengo con unas planillas que no aparecen a mi nombre sino a nombre de mi negocio y yo necesito que las solvencias salgan a mi nombre y de mi esposo.¡Ah!…(me contestó la señorita flaca, muy flaca, de camisa roja y blue jeans apretados pero respirables), espere aquí. Así pues, suspiré con calma y esta vez si decidí sentarme a pesar de mis incomodidades, porque ví en los ojos de la señorita de camisa roja y blue jeans apretados que la cosa iba a ser para largo. Me senté pues en una silla bastante incómoda y crucé mis manos en actitud resignada, mientras el señor mayor de camisa roja y bigote, que era el vigilante, queriendo hacerse el simpático comenzó a hablar las maravillas del gobierno y lo bien que vivía el pueblo actualmente, mientras el “imperio” quería acabar con el país. Yo me limité a escucharlo en completo silencio, mientras mi pensamiento bullía de rabia por la espera, y quizás por otras causas. Cuando ya creía que me iba a dar la hora del cierre de las oficinas y que sospechaba había perdido mi tarde, se abrió la puerta y salió un hombre pequeño, delgado y medio calvo, con lentes al aire, que afortunadamente tenía cara de buena gente, que me saludó con educación y amabilidad y me preguntó en qué podía ayudarme. Así pues le devolví el saludo, y procedí a explicarle mi problema. Atentamente, el señor ingeniero Fulano, me explicó que debía llevarle un oficio, dirigido al Señor Menganejo, explicando el problema, anexando la fotocopia del documento de propiedad de cada uno de los inmuebles propiedad de mi medio naranjo y mios, además de fotocopia de la cédula de ambos , todo en una carpeta marrón tamaño oficio y con gancho. Dicho todo esto, me aseguró que haría lo posible por ayudarme y se despidió tan amablemente como había llegado. Anoté rapidamente lo que el ingeniero Fulano me había explicado en una libretita de color marrón oscuro con negro, que siempre llevo conmigo, para evitar se me pudiera olvidar algún documento, la señorita de la blusa roja y los blue jeans apretados, siguió limando sus uñas sin levantar la vista a pesar de decirle yo ¡Feliz día!, mientras el señor mayor de camisa roja y bigotes, seguía hablando de las bondades del gobierno. Salí de la oficina, viendo la hora en mi celular, las cuatro de la tarde. Día perdido, uno más, uno menos. Caminé con pies cansados y piernas adoloridas hasta mi automóvil, llevando bajo el brazo mi carpeta con las planillas que hasta el momento, no me habían servido de nada .Me acerqué a cruzar la calle, por donde los vehículos pasan sin ver al peatón y los motociclistas circulan chateando en sus celulares mientras hablan con el que llevan en el asiento trasero…con una habilidad digna de un malabarista, mientras en mi cerebro se formaba una idea cada vez más determinante: ¡Mañana vengo más temprano!

Día 6: Hoy no pensaba escribir…pero me puse a recordar y…

La verdad verdadera, y sin que me quede nada por dentro, debo confesarles, queridos lectores, que hoy no pensaba escribir. Les comento las razones de este cambio brusco en mis costumbres. Pues sucede que anoche nuevamente me atacó el insomnio desde la una de la madrugada. Ya tengo dos noches despertándome puntual a esa hora y la verdad me molesta muchísimo cuando esto me sucede. ¿A quién no?…Si los maravillosos sueños que pudiera tener a esa hora se ven interrumpidos por el fiero martillo del insomnio. Es que me despierto tan lúcidamente como si me hubieran dicho.¡levántate, es la hora!. Ahora entiendo a mis hijos, cuando en la edad escolar yo abría la puerta de sus habitaciones a las 5.30 de la mañana y en la oscuridad los llamaba diciendoles ¡Ya es hora!. Mi hijo, hoy día, ya adulto, padre de tres hermosos niños, aún no se repone de esas tres palabras, y creo que a mi hija, madre de cuatro hermosos hijos, también la ha afectado ese recuerdo y a mí siempre me durará el remordimiento de haberlos torturado de esa manera. Pero supongo que todas las madres pasamos por esos trances. Y ahora que estamos en plenos recuerdos, viene a mi memoria hace unos cuantos años, (que conste, no fué en el 1800 y tanto, jejejeje, fue su más reciente recorrido), cuando se anunciaba el paso del cometa Halley en su carrera próxima a la tierra, y yo me levantaba todos los días muy de madrugada, bajaba al jardín de mi casa con unos largavistas o binoculares y oteaba el cielo, hasta que daba la hora de llamar a mis hijos para que se vistieran, pues el transporte escolar pasaba a las seis de la mañana. Recuerdo una madrugada que estaba yo con mis binoculares en muda contemplación del cielo, buscando afanosamente el dichoso cometa Halley, cuando de pronto, casi a las cinco y media se fue la luz, vale decir, la energía eléctrica y por supuesto se apagaron las luces de los postes de la calle y todo quedó sumido en una profunda oscuridad, fue entonces, como por arte de magia, en medio de esa oscuridad profunda, vi surgir ante mis asombrados ojos el cometa Haley en toda su belleza y extensión. De más está decir que mi primera impresión fue quedarme muda de emoción, pero enseguida reaccioné y comencé a gritar llamando al resto de la familia, a mis hijos y mi medio naranjo para que también disfrutaran del espectáculo increíble: ¡El cometa Halley!¡El cometa Halley!¡El cometa Halley!…y en la oscuridad y el silencio de la madrugada mi voz sonaba francamente aterradora. Bajaron todos emocionados y allí mismo fuimos pasando de mano en mano los binoculares, y cada uno pudo disfrutar a su antojo la belleza del Cometa Halley en toda su extensión. Después de ese acontecimiento, yo igual bajaba todas las madrugadas a verlo, y después que los niños se marchaban en el transporte escolar, yo me quedaba en el jardín con mis binoculares en dirección a donde estaba el Cometa Halley, hasta que clareaba y era ya imposible distinguirlo. Fue una experiencia inolvidable realmente, que no todos han podido disfrutar. Y que este recuerdo ha logrado apartarme de mi relato del día de hoy, pero creo que ha valido la pena compartirlo con todos ustedes….Bien, como les decía me desperté alrededor de la una de la madrugada, en vista de que la habitación se me estaba llenando de ovejas y que contarlas no resolvía mi insomnio, decidí ver un poco de televisión, así lo hice por un rato hasta que comprendí que de nada me serviría, el sueño no acudía a mí. Procedí a apagarla y tome uno de mis libros a ver si leyendo un poco me venía el sueño. Estuve leyendo aproximadamente hasta las 3.45 y nada que el sueño me visitaba. Por lo tanto me dije para mis adentros: o me duermo o me duermo. Así que después de unas cuantas vueltas en la cama, de unos tres o cuatro cambios de posición de las almohadas, no sé en que momento fue, la cuestión es que me quedé dormida. Desperté alrededor de las siete y media de la mañana, con la cabeza pesada como si tuviera un sombrero de plomo encima. Pasé al baño, me tropecé con la gata, es lógico, caminar con los ojos cerrados es algo difícil. Se preguntarán por qué andaba con los ojos cerrados, sencillamente el sueño me vencía a pesar de la hora, y no podía abrirlos. Al fín en el baño logré despejarme, vestirme, y salir a la realidad de la vida, donde la gata maullaba de hambre, y mi estómago también, pidiendo el café con leche.
Más tarde, habiendo logrado despejar mi cerebro, y luego de contestar los correos, me bañé, me vestí y salí a comerme el mundo, mientras hacía unas diligencias que tenía para el día de hoy. Salí de mi casa en mi automóvil, en dirección a una institución bancaria cercana a la zona de la Aduana, calle bastante concurrida y llena de tráfico. Logré dejar mi auto en un estacionamiento, donde un señor mayor se ofreció a lavarme el automóvil, cosa que acepté después de preguntarle el precio de ese trabajo y también de informarme de donde sacaba el agua para lavarlo, pues estábamos cerca del malecón, no fuera a ser que me lo lavara con agua del mar. No es que yo sea desconfiada, es que hoy día, en este país ya no se puede creer en nadie, ni en pajaritos preñados, ni en elefantes azules. Me encaminé a la institución bancaria donde en su puerta había una larga cola de usuarios, afortunadamente mi diligencia me permitió entrar dentro del recinto y colocarme en otra cola, eso sí, mucho más pequeña que la que había en la calle. Me acerqué a la funcionaria encargada de información, le dije a que iba, me pregunto si llevaba las fotocopias de las cédulas, y los demás documentos y una carta de residencia o el RIF. Yo no llevaba el Rif, aunque llevaba los demás documentos, asi que ella muy amablemente y con una sonrisa (cosa que me dejo altamente extrañada), me preguntó si no había alguién que me lo pudiera traer, al yo decirle que no, ella me dio un número y me dijo: guarde este número y vaya a buscar el Rif. Así que salí en volandilla, corri al estacionamiento (me quité los lentes, de lo contrario podía haberme caído), le pagué al lavador de carros, me pidió una colaboración por “dejarme” estacionar allí y salí como alma que lleva el diablo a buscar el documento faltante, ya que de pensar en la cantidad de gente que había visto en el banco, ya me daba dolor de todo. Llegué a casita, encontré mi RIF y volví a salir soplada, tomé esta vez un atajo en la vía que me lleva directamente a la autopista y allí encendí las turbinas (jajajaja, ¿se creyeron lo de las turbinas?), llegué al banco, encontré el sitio para estacionar, puse el trancapedal y el tapasol. (Supongo que se dieron cuenta que antes no mencioné esta parte, pero lo hice a propósito para confundirlos). Me recibió la misma funcionaria de antes, de sonrisa agradable y buen trato, que amablemente me dijo: la llamarán por su nombre, tenga a mano los documentos. Me senté en unas sillas , bastante cómodas para ser un banco del gobierno. Me sorprendió lo bien cuidado que estaba todo, y lo amables de los empleados (Hay que decirlo todo, lo bueno y lo malo). Estuve aproximadamente una media hora, hasta que fui llamada por una señorita flaca, medio feona, pero muy simpática que me trató con tanta amabilidad que tuve que hacerlo resaltar y decirselo, que le agradecía el buen trato y la amabilidad que había tenido conmigo. Me resolvió el problema, que demoró un poco. Luego salí de allí contenta de haber encontrado una persona amable que me había resuelto mi problema. Salí y me coloqué en la fila del cajero automático para cambiar la clave de la tarjeta de débito, y allí estuve junto con otras personas alrededor de más de media hora, al sol, pero también afortunadamente todos estuvimos alegres y hablando de cosas que nos hicieron reir. Los problemas del diario vivir los conversamos en armonía y entre risas y eso me permitió sentirme tranquila y contenta a pesar del sol calcinante sobre nuestras cabezas. Después de un buen rato, logré llegar al tele cajero, cambiar mi clave, reirme un poco más con las otras pesonas, y salir contenta, , a pesar del dolor de cabeza, en dirección a mi casa.

Quizás en el día de hoy, mi relato no ha tenido nada de humorístico, sin embargo, les conté una experiencia que vivímos mi familia y yo, y que difícilmente volveremos a experimentar, ver el Cometa Halley es algo que no muchas peronas pueden decir que han visto.
Creo que a pesar de todo, algo pude contarles, espero me disculpen pero mañana podremos seguir con nuestro pequeño safari, porque si les soy sincera…lo que viene ahora es candela…